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Finalmente, los jóvenes empezaron a hablar de sexualidad en las escuelas

El programa, articulado entre la provincia y el municipio, llega este año a los colegios públicos y privados de la ciudad. La Capital acompañó a los equipos de Educación y el Instituto de la Mujer a la secundaria Nº 540, donde los chicos discutieron sobre la trata.  

Martes 04 de Junio de 2013

Aunque el tema propuesto podía parecer ajeno a su cotidianidad, los alumnos de la Escuela Media Nº 540 tuvieron mucho que decir sobre la trata de personas, el primero de los ejes propuestos por el programa de educación sexual integral (ESI) que este año abrirá el debate en 18 secundarias rosarinas. Reticentes por momentos, vergonzosos o risueños en otros, los chicos —pero sobre todo las chicas— aceptaron hablar de la problemática, muy instalada en los medios a partir del juicio por Marita Verón, y hasta refirieron casos cercanos. Tras el encuentro, que se organizó por pequeños grupos para permitir una mejor circulación de la palabra, pidieron más. "Queremos que vuelvan para hablar de otros temas", dijeron. ¿De cuáles? De los que están más ligados a su experiencia: los dos primeros que reclamaron, al menos frente a La Capital, refirieron a embarazo adolescente no deseado y noviazgo violento. Por suerte, ambos en agenda para 2013.

La ley de educación sexual integral lleva ya siete años de sancionada, pero hasta ahora sus contenidos no terminan de integrar la currícula ni de llegar en forma sistemática a todas las escuelas.

Para empezar a saldar esa deuda, el Ministerio de Educación provincial y el Instituto de la Mujer municipal articularon un plan de trabajo en 18 escuelas medias, públicas y privadas, con unos mil profesores y 4.600 alumnos.

Ayer fue el turno de la 540, en la punta noroeste de La Florida, adonde concurren 298 chicos de hogares de sectores populares.

Mejor que por una descripción, la situación social del establecimiento queda reflejada en estos números: al 1er. año lo cursan 139 alumnos, a segundo llegaron 81, a tercero 35, a cuarto 18 y a quinto 25. No todos se perdieron en el camino sino que algunos pasaron a escuelas de enseñanza media para adultos (Eempas) por haber superado la edad, trabajar o haber sido padres. Ellos mismos lo dicen.

Cuando los equipos de trabajo llegan a la escuela es media mañana. Un preceptor agrupa a los chicos en el patio en cuatro grupos heterogéneos en cuanto a cursos, sexo y edad. Luego se distribuyen en los salones. Los docentes tienen su propia reunión.

En uno de los salones también se sienta La Capital, junto a 18 chicos y chicas, una psicóloga, un profesor de educación física del Instituto y una integrante de Teatro del Oprimido. La propuesta es que cada uno diga cómo se llama, de qué curso viene y que elija una palabra que lo represente y cuya inicial coincida con la del nombre

La presentación empieza ardua: más de un varón no quiere saber nada ni decir su propio nombre. A falta de gorrita, alguno que otro se esconde atrás del cuello de una campera o de la inequívoca capucha. No falta el que se sienta de costado y mira para otro lado.

Pero de a poco, juegos mediante, se va rompiendo el hielo. Y cuando la propuesta pasa por hacer un acróstico a partir de las palabras "trata de personas", fluyen sin dique las referencias a la tevé, experiencias propias, películas y hasta estereotipos.

Los chicos asocian la trata con algunos de estos conceptos: maltrato, violencia, abuso, prostíbulos, sexo, dinero, desprecio, engaño, mentira, peligro, susto, traslado, ambición, secuestro, droga, embarazos y muerte.

"Ustedes saben mucho. ¿De dónde?", les dice Sandra Carbajal, la psicóloga del Instituto que coordina la actividad junto a Esteban Cervilla. "De la tele", es la primera respuesta. Después llegarán referencias más directas.

Y así es como, entre todos, van esbozando escenarios virtuales, pero posibles, en los que la trata podría configurarse: a través de algún "flaco chamuyero, lindo, sexy, irresistible", que se gane la confianza de las chicas. O a través de Facebook, si se baja la guardia frente a desconocidos a los que se acepta como amigos sin conocerlos. O de ofertas de trabajo tentadoras y poco creíbles.

Del frío inicial, para entonces, queda muy poco. Rocío cuenta el caso de la prima de una amiga, que fue víctima de una red de trata. Los varones, más tímidos, tiran sus frases también, más cortas pero igualmente repletas de sentido.

Diferencian la trata de la prostitución, analizan el concepto de debilidad y fortaleza que los estereotipos culturales atribuyen a mujeres y hombres, van y vienen por los temas de la violencia de género y el abuso, jugados a fondo en el delito de la trata. Construyen un empírico sistema de alerta.

Cuando termina la actividad, los pibes se quedan conformes. Quieren "más". Sobre todo los mayores, piden hablar de embarazo adolescente porque muchos de sus amigos ya son mamás o papás y se les hace cuesta arriba. El noviazgo violento también los preocupa. Y esta vez tienen dónde decirlo.

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