Más que nunca es el Mundial de las individualidades por sobre el de los equipos. Es el torneo de las megaestrellas más que el de los dispositivos tácticos y estratégicos. En líneas generales todas las grandes selecciones que siguen con vida avanzaron a los cuartos de final producto del brillo individual. Brasil, el candidato natural por ser local, vive y sueña por lo que le pueda aportar Neymar, ya que el scratch es un manojo de nervios. Francia es temible por el poder de fuego de Karim Benzema. Alemania amagó al inicio con ser letal, pero la modesta Argelia lo puso en aprietos en octavos y el único que está intratable es el gigante Thomas Müller. Holanda, el otro cuco, sacó de la galera un triunfo agónico ante México de la mano de su as de espadas Arjen Robben cuando estaba de rodillas y casi afuera.


































