En el último año de la secundaria observé y presencié que en el salón se dividían diferentes grupos que trataban de destacarse. Originaban conflictos, particularmente un grupito de tres alumnos varones; eran como la manzana podrida adentro de un cajón de buenas y maduras manzanas, por poner un ejemplo más claro de lo que quiero dar entender de mi reflexión. Estos individuos no eran compañeros, "no se merecían ser llamados compañeros", eran una escoria para los 30 alumnos que cursábamos 5º año. El buen compañero es aquel que trabaja, ayuda y se preocupa por el otro, y también es un justiciero, que sabe dividir entre el bien y el mal sin faltarle el respeto de cómo es la personalidad del otro. "La libertad de una persona termina cuando termina la libertad de otra". De esta experiencia que viví personalmente como alumno y compañero noté que las autoridades de la escuela directores y preceptores, no tomaron los recaudos suficientes para sancionar y suspender a estos alumnos; hasta los profesores de distintas asignaturas vivían poniendo sanciones todos los días porque era imposible dar clase. No hubo justicia por parte de los directores del establecimiento, algo que pasa en nuestra sociedad en estos tiempos. Falta de Justicia.
































