Las 12.25 horas exactamente del día 9 de abril de 2012, pudo haber sido la hora de nuestra muerte. Circulábamos con nuestro auto por calle Sarmiento a muy poca velocidad, y al atravesar las vías del ferrocarril Belgrano a la altura de calle Gálvez a bordo de nuestro pequeño auto, observamos despavoridos como escondida por dos paredes siniestras, aparecía de repente la locomotora 7774 del citado ferrocarril. Por segundos no estuvo encima nuestro. Su conductor tocó la bocina en el momento que nos vio, no cuando correspondía para anunciar su marcha potencialmente macabra. Mi marido aceleró y por centímetros estamos aquí para contar los hechos. Denunciamos al conductor incompetente, a la Municipalidad de Rosario por no prever la seguridad del paso peatonal, y al Ferrocarril Belgrano por la ineptitud de su maquinista. No quisimos quedarnos callados por haber zafado por milagro. Lo contamos porque sino seríamos cómplices, si un día escuchamos que en el desatendido lugar hubo una tragedia. Exigimos como rosarinos que se tomen ya las medidas necesarias para solucionar el problema y que se actúe contra los responsables como corresponde.






























