El escrache es el nombre rioplatense dado a la manifestación pública de activistas, realizada frente al domicilio o lugar de trabajo de alguien al que se quiere denunciar. Es propio de las organizaciones de derechos humanos, pero se ha extendido a otras situaciones sociales. Siempre es premeditado y organizado. Cuando el público que asiste a un espectáculo deportivo, teatral o musical o a ver una película, si lo que ve u oye no satisface sus expectativas, manifiesta de alguna forma su disconformidad, que es espontánea, no premeditada. Es absurdo pensar que se han organizado previamente para escrachar a los actores o jugadores. Lo sucedido recientemente con Boudou y Kicillof no es un escrache sino una reacción espontánea y genuina hacia lo que ellos representan, el gobierno, a quien no ven ejerciendo las acciones que esperaban y se sienten defraudados. Lamentablemente, muchos comunicadores sociales y políticos, por desconocimiento u otras razones, no han expuesto la diferencia, cayendo en el juego del gobierno, quien con su cultura ocultista necesita que se lo considere un escrache, pretendiendo que no aflore la realidad: la genuina condena de gran parte de la sociedad, a la corrupción, autoritarismo, intolerancia e incompetencia de quienes gobiernan.































