Tengo un camino recorrido muy corto en la docencia (soy profesor de biología), pero sé que muchos tienen un largo camino. Seguramente todos tenemos una historia diferente que contar pero me animo a vaticinar que tenemos la misma finalidad. La docencia es oficio, profesión, ciencia y pasión, pero no deja de ser un arte, un arte que cada uno de nosotros expresamos desde lo más profundo de nuestro ser, hacer y conocer. Todo artista ama su obra y analiza qué está bien, qué esta mal, en qué falló y en qué puede mejorar, encuentra sus defectos y virtudes que lo potencian a seguir silenciosa e incansablemente para delante, sin detenerse, sorteando obstáculos que a veces son tan imponentes que nos llenan de preguntas, temores y tristezas, pero nunca consideramos la huida como solución. A veces me pregunto qué nos moviliza y encuentro como respuesta que las emociones son nuestro motor. Hace unos días cientos de nosotros nos movilizamos por nuestras emociones a participar de un evento que hasta ahora para mí fue único, donde cada uno pudo expresar lo que llevaba dentro, donde fue escuchado, contenido, acompañado y aconsejado. Donde todos fuimos protagonistas y espectadores, donde reímos y lloramos, donde nos encontramos e hicimos amigos y hermanos. Lamentablemente, carecimos de las licencias correspondientes para que este encuentro de educadores (organizado con tanto esmero, dedicación y mucho amor por parte del equipo de "Haciendo Escuela" de la Escuela Nº 6383 "Brigadier General Estanislao López" de Rosario) sea asistido por muchos más docentes. Fue un congreso internacional de educadores de un elevado nivel, y horizontalidad, todos fuimos uno y uno fuimos todos. Hoy solicito que nos volvamos a movilizar, acompañando el pedido de toda esta gente que con tanto trabajo hizo posible el encuentro, para que el año próximo podamos contar con el apoyo correspondiente.



























