"Los chicos quedaron muy mal porque delante de ellos los ladrones se preguntaban
si mataban o no al papá". La frase la dijo María Elena, que tiene 40 años y fue una de las 12
personas que la noche del jueves estuvieron retenidas durante algo más de dos horas por cuatro
ladrones en las viviendas que ocupan junto a un criadero de pollos, en Pérez. La mujer tiene dos
hijos, de 3 y 6 años, y a ellos hizo referencia como testigos inocentes de la negociación entre los
maleantes. El atraco fue el desenlace de un raíd que empezó en el barrio Empalme Graneros, donde
los asaltantes abordaron a un remisero que terminó maniatado en el baúl de su propio auto, y que
terminó en la finca de Pérez de la cual la banda se llevó, después de cenar en el lugar, 2 mil
pesos, dos motos, un Volkswagen Senda y cinco armas de fuego.
"¿Dónde está el gringo que tiene la plata?", fue la frase con la que se
presentaron e insistieron en varias ocasiones los ladrones que llegaron al criadero de pollos
"Neirot Vecchio". El establecimiento, en el que se crían hasta unos 50 mil animales, está ubicado a
unos 500 metros al norte del cruce de las rutas nacional 33 y provincial 14, en jurisdicción de la
sub comisaría 18ª, de Cabín 9.
Acceso difícil. Para llegar hasta el lugar hay que conocer la zona. Desde el
cruce de rutas señalado hay que circular unos 200 metros por el camino de tierra La Campanilla
(paralelo a la vía del ferrocarril y a la ruta 33) y después otros 300 metros desde una tranquera.
Ahí, detrás de varios viveros, en un predio de una tres hectáreas, está el criadero de pollos
asaltado el jueves por la noche. En el lugar se levantan además dos casas de material, separadas
una de la otra por unos 80 metros.
Una de esas viviendas, la más humilde y más retirada, es la de Walter Gramajo,
un hombre de 41 años que desde hace tres meses es el casero del lugar. Ahí vive con su esposa
Zulma, de 30 años y sus hijos: una nena de 12 y un nene de 2 años. El jueves a la tarde en esa casa
también estaban el padre y un tío de Walter.
La otra vivienda, algo más coqueta y más cercana al ingreso, es la de Juan
Barrios, el hombre que durante 14 años cuidó el lugar. El hombre vive con su esposa María Elena y
sus dos pequeños. Las dos casas estaban custodiadas, al menos ayer al mediodía, por cuatro celosos
perros atados con correas. Tres de ellos, Doberman que disfrutaban de una envidiable arboleda.
En Empalme. El robo al criadero arrancó a las 19 del jueves cuando un pibe de
unos 17 años pidió un coche a la remisería de Juan José Paso y Camilo Aldao, en Empalme Graneros,
para ir hasta Cabín 9. El viaje lo tomó Ramón, un chofer de 42 años que trabaja en un Fiat Duna
color bordó. El viaje transcurrió sin mayores novedades. Todavía había luz solar y el pasajero
solicitó ir hasta la plaza que queda frente a la subcomisaría 18ª, en calle Hudson al 9000. En ese
lugar subió un presunto familiar del pasajero y entonces pidieron ir unas cuadras más allá, donde
el chofer fue reducido a punta de pistola y maniatado en el interior del baúl del Duna.
La próxima noticia que se tuvo del remís fue a las 20.30. "El Duna llegó y se
estacionó al lado del alambrado del criadero. En el auto venían cuatro personas. Dos se bajaron y
pidieron por un tal Ramírez", recordó ayer Zulma, la esposa del casero. "Como todavía era de día,
mi esposo, uno de mis nenes, mi suegro y un tío estaban en el patio de la casa. Cuando mi marido
les contestó que no conocía a ningún Ramírez, los dos tipos saltaron el alambrado (de poco más de
un metro) y se le fueron encima. «Esto es un robo. ¿Dónde está el gringo que tiene la guita?»",
recordó Zulma. "Al ver lo que pasaba me encerré en la casa con mi otra nena. Pero uno de los
ladrones le puso un pistolón en la cabeza a mi hijo de 3 años y mi marido me pidió que saliera
porque le iban a volar la cabeza", recordó.
Bajo control. A partir de ese momento los ladrones hicieron lo que quisieron. A
la mujer con sus hijos la metieron en una habitación mientras a los hombres los apretaban para
saber dónde estaba el dinero que buscaban. Así siguió la cosa hasta que uno de los ladrones
preguntó: "¿Y con el otro qué hacemos?". El otro era Ramón, el remisero que seguía en el baúl del
Duna. Fue así que lo bajaron, lo ataron y lo dejaron en la casa con los demás. Luego, dos de los
ladrones agarraron a Walter y lo llevaron a la otra vivienda, donde los maleantes pensaban que
vivía "el gringo que tiene la plata". Pero ahí no había nadie.
Dos horas después de su llegada, alrededor de las 22.30, los ladrones tenían
retenidas a cinco personas en una casa y habían quitado una reja posterior de la vivienda de Juan,
el casero anterior. Cuando este hombre de 33 años llegó con su familia, lo esperaban dos ladrones.
"Fuimos en moto hasta la casa de unos amigos a cenar. Cuando abrí la puerta de mi casa me agarraron
de los pelos y me tiraron al piso", rememoró María Elena. Y los ladrones volvieorn a preguntar:
"¿Dónde está la plata?". Así transcurrieron otras dos horas en la que los maleantes trasladaron a
sus víctimas a la casa de Juan, maniataron a los hombres y encerraron a las mujeres y los
niños.
"Revolvieron todo e hicieron un desastre. No se privaron de nada. Comieron cosas
de la heladera, tomaron gaseosas y hasta un Fresita", recordó Zulma. "A mi marido lo golpearon
bastante, todo delante de los nenes", explicó (ver aparte). Según relataron las víctimas, los
maleantes redondearon un botín de 2 mil pesos en efectivo, celulares y un equipo de música. También
se llevaron tres escopetas —calibres 12.70 y 16— y dos revólveres, uno de ellos calibre
22. Para huir robaron dos motos (una Guerrero y una Maverick, ambas de 110 centímetros cúbicos) y
el VW Senda de Juan, que apareció abandonado ayer, a las 7 de la mañana, en Pellegrini al 5000.