La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, anunció ayer la salida de Joaquim Levy del ministerio de Hacienda y su reemplazo por Nelson Barbosa, un hombre de su confianza que conducía la cartera de Planificación, en el último capítulo de la crisis política y económica que atraviesa el país. La salida de Levy, que defendía una política de rígida disciplina fiscal y generó desacuerdos dentro del gobierno y sindicatos oficialistas, había sido anticipada por medios locales. Su situación se fragilizó de la mano de una crisis política que agudizó el deterioro económico, sobre todo luego de que se abrió un proceso de impeachment (juicio político) contra Rousseff, acusada de aprobar gastos sin autorización del Congreso y financiar al Tesoro con préstamos de entidades públicas, algo prohibido por la ley. La séptima economía del mundo entró en una espiral recesiva y dentro del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) creció la resistencia al programa de ajuste con el que Levy buscaba reencaminar la economía.
Su reemplazante, Barbosa, un economista más afín a las ideas desarrollistas y a una política fiscal menos restrictiva, tendrá la tarea de conducir un país que proyecta una contracción del 3,1% este año y una del 1,9% el próximo, con desempleo creciente y una inflación anualizada del 10,48%.
Agradecimiento. A través de un escueto comunicado, el gobierno informó que Rousseff agradeció “la dedicación” de Levy, a quien le atribuye haber cumplido “un papel fundamental para enfrentar la crisis económica”. La presidenta también le deseó al ministro saliente “mucho éxito en sus desafíos futuros”.
La política de Levy, un economista ortodoxo y liberal de reconocida trayectoria en la banca privada, también fue resistida por Barbosa, por lo que los desacuerdos entre ambos fueron la tónica durante los casi 12 meses que compartieron el gabinete de Rousseff, desde que la mandataria asumió su segundo gobierno, en enero. La gota que desbordó el vaso fue la decisión del gobierno de enviar el martes al Congreso un proyecto de Presupuesto nacional para 2016 que contempla un déficit fiscal equivalente al 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB), en contra de la opinión de Levy.
Un día después de que el proyecto arribara al Congreso, la agencia de calificación de riesgo Fitch le retiró al país el grado de inversión, tal como lo había hecho en septiembre la agencia Standard & Poor’s. La caída de Brasil al grado especulativo por parte de una segunda agencia calificadora precipitó la salida del ministro, quien asumió el cargo con el rol de fiador del gobierno de Rousseff ante el mercado financiero.
“Manos de tijera”. No obstante, el economista, llamado “manos de tijera” por su férrea defensa del recorte de gastos como forma de garantizar el superávit fiscal y reequilibrar las cuentas públicas, no logró aplicar en tiempo y forma las medidas que a su entender son indispensables y urgentes para que la economía brasileña salga de la recesión en la que está inmersa y retome la senda del crecimiento.
Barbosa, a su vez, ocupaba la cartera de Planificación desde el 1º de enero. Pese a no estar afiliado al PT, goza del respaldo del partido y tiene una estrecha relación con el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010). En 2006, el economista ingresó al Ministerio de Hacienda, donde permaneció hasta 2013 comandando diversas oficinas, como las secretarías de Acompañamiento Económico, de Política Económica y Ejecutiva.
Hombre de confianza de Rousseff, Barbosa fue uno de los mentores de la política económica que a partir de 2008 llevó adelante el gobierno de Lula primero, y de Rousseff a partir de 2011, con la que Brasil consiguió enfrentar la crisis internacional sin perder el ritmo de crecimiento. Entre 2004 y 2006, Barbosa trabajó junto al ex ministro de Hacienda Guido Mantega en el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Doctor en Economía por la New School for Social Research, en Estados Unidos, Barbosa es además profesor de economía en la Universidad Federal de Río de Janeiro.