Para la consultora en comunicación política Julieta Waisgold las diferentes miradas en el Frente de Todos enriquecen a la coalición. “La divergencia tiene que tener lugar, es sano que lo tenga”, asegura.

Por Mariano D'Arrigo
Waisgold indica que la opinión pública tanto en el país como en el mundo expresa “cansancio”.
Para la consultora en comunicación política Julieta Waisgold las diferentes miradas en el Frente de Todos enriquecen a la coalición. “La divergencia tiene que tener lugar, es sano que lo tenga”, asegura.
En diálogo con La Capital, Waisgold —que trabajó en la campaña presidencial del FdT y desde la consultora Alaska asesora al gobierno— destaca que en la opinión pública se expresan “síntomas de cansancio”, reconoce que la administración de Alberto Fernández “empezó comunicando de un modo transparente, oportuno, y después tuvo algunas divergencias entre los voceros”, y sostiene que a Cambiemos le conviene “construir una coalición que contenga todo”.
—¿Cómo describiría el clima de opinión pública argentina en este momento, después de un año tan complejo?
—Si uno ve cómo cambió la opinión pública aquí y en el mundo por la pandemia, se observan cosas muy similares: muchos síntomas de cansancio, desinterés, desmotivación. Esto va más allá de los gobiernos, son datos casi estructurales, que por supuesto terminan afectando las imágenes de los dirigentes.
—Con Alberto Fernández se repite habitualmente la misma sentencia que con Macri: “El gobierno comunica mal”. ¿Es solamente eso, o también tiene que ver con el proceso decisorio en el Frente de Todos?
—En principio, diría que debería ser más difícil juzgar cómo se comunica. Para poner en contexto: al principio de la pandemia se produjo el fenómeno rally down the flag (nota: fenómeno por el cual en ciertos conflictos la sociedad cierra filas y se unifica detrás del líder), pero por el desgaste lógico eso se empezó a desdibujar y los gobiernos se quedaron sin norte frente a un montón de cosas. Una dirigente como Angela Merkel, que mantuvo en todas sus intervenciones la distancia de dos metros y el barbijo, no pudo evitar el desastre sanitario que se está produciendo en Alemania. ¿Cómo comunicar exactamente en una pandemia y en una coalición que está naciendo? La respuesta no es obvia.
—¿Cuáles fueron las luces y sombras de la comunicación del gobierno?
—Seguro tuvo puntos mejores y peores en la construcción de consensos. Por otro lado, se dice que la comunicación debería servir para disminuir la sensación de riesgo y efectivamente el gobierno empezó comunicando de un modo transparente, oportuno, y después tuvo algunas divergencias entre los voceros y algunos problemas de ecualización. Lo que sucede es que no se dimensionan un montón de ruidos que interfieren en la comunicación, desde los sesgos de interpretación hasta el lobby feroz de los laboratorios.
—A lo largo de su primer tramo de mandato Alberto Fernández presentó distintos perfiles: más consensualista por momentos, y más duro en otros, ¿Cómo analiza el estilo de liderazgo del presidente?
—La coalición de gobierno es muy nueva, y en algún punto se le exige una prolijidad y una homogeneidad que son bastante difíciles de cumplir. Algo que no debería asustar ni a propios ni ajenos es que las fuerzas políticas se van construyendo con el camino, como cualquier vínculo. Frente a eso, Alberto tuvo distintas posiciones, ecualizó distintos discursos. Algunas veces tuvo mejores resultados, y en otras un poco menos. Esto también obedece a una lógica de pedir un discurso pulido, perfecto, en un contexto de pandemia y crisis. Hay que regular la exigencia.
—¿Nota de dirigentes y votantes del Frente de Todos un planteo al gobierno de avanzar más rápido?
—No creo que haya una dirección, justamente porque es un gobierno coalicional hay diferentes miradas, y eso es lo que lo hace más rico. La divergencia tiene que tener lugar, es sano que lo tenga.
—¿Cree que Alberto representa un liderazgo de transición en el peronismo o puede inaugurar un ciclo más largo?
—Me parece temerario dar una respuesta certera respecto de esto, más cuando todavía atravesamos una pandemia y pisamos arena que se hunde. También es difícil saberlo por las características del propio frente, donde hay varios liderazgos y el juego está abierto. La que abrió la puerta a eso fue Cristina, cuando decidió no ir como candidata a presidenta.
—Cristina parece adoptar una estrategia de guerrilla: sale, pega y se guarda. ¿Cómo analiza su rol en este momento?
—No hay que tenerle miedo a esa dimensión, la voz de Cristina enriquece a la coalición. Es importante que haya distintas voces, y que cada una pueda tener su espacio para hablar. Sino no sería una coalición, sería otra cosa.
—Cruzando de vereda, ¿Qué es más negocio para un opositor hoy? ¿Radicalizar y recostarse sobre el núcleo duro? ¿O tener un perfil más equilibrado?
—En algún punto, Cambiemos está transitando algo que le pasó al kirchnerismo: una especie de estancamiento, tanto en lo político como en lo electoral. Las expectativas electorales y los votos estaban divididos en tercios, era un laberinto del que no se podía salir. Para el peronismo, la resolución de ese interrogante no fue tener un discurso solamente orientado a la clase media, ni tampoco fue endurecer más el discurso; fue crear otra cosa, un discurso que pudiera hablarle un poco a esos sectores blandos y también al núcleo duro. A Cambiemos le conviene no dinamitarse y construir una coalición que contenga todo. De todos modos, el escenario lo definirá también el discurso del gobierno nacional, y cómo se posiciona el Frente de Todos, donde habrá un juego similar. Puede pasar que haya un consenso hacia el centro y esta energía que estaba puesta en la grieta quede sin condensar y se vaya a los sectores más extremos a buscar representación. Está asomando un sector de ultraderecha que todavía no sabemos si va a quedar contenido en Cambiemos o en una nueva alianza, son escenarios diferentes.
—Hace unos días en Twitter usted habló sobre el concepto de triangulación del consultor Dick Morris, ¿ve posibilidades de que gobierno y oposición usen los temas del adversario desde su perspectiva?
—La posibilidad existe; de hecho, en la última etapa de sus campaña Macri tuvo algunos intentos, por ejemplo, cuando inauguró en Caba la estatua de Perón. De todos modos, un triángulo en término de temas no es lo mismo que la lógica del aikido, donde se toma la fuerza del otro, pero no necesariamente sus temas. Igual, cuando los consensos al centro, tanto como la grieta, quedan muy estabilizados son un problema. La política tiene que ser algo parecido a la arena, donde no hay territorios fijos.
—Todas las elecciones son un plebiscito sobre algo: continuidad o cambio, sobre la gestión, un liderazgo, ¿Sobre qué será esta elección de medio término?
—Hay dos condicionantes muy importantes: la economía y el aspecto sanitario. Después creo que probablemente el discurso opositor tendrá otros ribetes, que ya se vienen perfilando. Por ejemplo, este discurso de la libertad, entendida como una libertad individual, de metro cuadrado, bastante afuera del espacio compartido.
—¿Cómo cambia la estrategia de campaña si hay Paso o no?
—Cambian sobre todo el cronograma y los tiempos, los temas y la estrategia no tanto.



