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En busca de un lenguaje entre el cine de autor y el de género

"La memoria del muerto". Valentín Diment definió a su película como "una montaña rusa donde conviven el horror, el drama y el humor negro".  

Miércoles 10 de Abril de 2013

El director Valentín Javier Diment definió a su película "La memoria del muerto" como "una montaña rusa donde conviven el horror, el drama y el humor negro". El filme, protagonizado por Lola Berthet, Luis Ziembrowski y Gabriel "Puma" Goity, se estrena mañana en Rosario con una fusión de "cine de autor y de género".

"Es una película para el que va a dejarse llevar más que para el que va a buscar confirmar un afiche o una idea preconcebida. La gente va a ir al cine a ver una propuesta diferente", afirmó Diment en diálogo con Télam.

Luego de la repentina muerte de Jorge (Goity), su mujer Alicia (Berthet) reúne en su casa a los amigos más entrañables de su difunto esposo con la intención de leerles una carta que él les dejó antes de morir, ocultando la verdadera intención de esa reunión. Pero en realidad los invitados son convocados para formar parte de un ritual siniestro planeado por Alicia en connivencia con Santiago (Ziembrowski), el amigo más cercano de Jorge, para traer a este último de regreso a la vida.

El realizador del filme "Parapolicial negro" propone en este caso combinar elementos clásicos del género de terror con un desarrollo de conflictos de los personajes y de su entorno.

"Estoy tratando de encontrar un lenguaje propio en el cruce entre el cine de género y el cine de autor, un riesgo que me parece muy atractivo", confió quien fue uno de los guionistas de "Aballay, el hombre sin miedo.

—Con la introducción del drama en una historia de terror, un género que a veces roza lo bizarro, ¿qué elementos tuviste en cuenta para armar la estructura narrativa?

—Me gusta jugar con ese borde que hay entre lo bizarro y lo que se toma en serio a sí mismo. Esa sería la diferencia. En lo bizarro da la sensación de que no se está tomando en serio, que uno se está riendo de lo que hace. Me gusta combinar a Sam Raimi con (Luis) Buñuel o con (John) Cassavetes, en cuanto al tratamiento de los personajes. Busco que haya guiños claros, como en una película de Raimi, con esas cámaras que avanzan por un bosque, pero que adentro de eso haya otra historia, otra película y otros cuestionamientos, aunque eso conlleve el riesgo de que a los fanáticos del cine de terror pueda parecerles demasiado retorcido y a los más intelectuales pueda resultarles demasiado grasa.

—¿Cómo fue el planteo estético?

—Desde la fotografía buscamos mucha saturación de color. La sangre es un personaje más, por lo tanto era muy importante que los otros colores estuvieran muy realzados para darle naturalidad. Tenemos una casa que entra en el territorio de los muertos, por lo tanto eso te permite soltar un poco cierto verosímil realista. Del mismo modo donde hay una estructura de terror en la que conviven dramas familiares, hay una estructura estética que está habitada a su vez por otras estéticas que se desprenden del drama que cuenta cada historia.

—¿Qué te resulta atractivo del género de terror?

—El terror te permite hablar de determinadas cuestiones. El policial negro es un género que trascendió mucho porque te permite hablar de la sociedad y del estado de putrefacción absoluta que tiene el capitalismo. En cambio, el terror te permite hablar de lo más enfermo y de lo más peligroso que puede tener el ser humano como individuo y de cómo la parte más enfermiza de un individuo puede colarse en sus relaciones afectivas de un modo muy peligroso.

—¿Por qué elegiste actores muy vinculados a la comedia?

—En el caso del Puma fue una decisión sencilla, me venía bien que tenga esa condición de comediante porque es un personaje un poco chanta. Es un actor con muchos matices. Con Lola fue pensado mutuamente. Iba a hacer otro personaje y se iba demorando la elección de la protagonista y yo seguía mirando películas y estaba teniendo muy presente la impronta de las películas de Bette Davis y en un momento se me pegó la imagen de las dos y dije: ella tiene que ser la protagonista.

—El personaje de Lola hace una transición importante en la trama?

—Es un personaje muy complejo. Es una mujer que termina teniendo una profundidad que ella misma no sabía que tenía, que no sospechaba. A primera vista podríamos decir que es una mujer enamorada y dispuesta a todo por amor, pero en realidad es una enferma mental peligrosísima y muy poderosa. Cuando ves personas en ese estado estás hablando de gente tomada completamente por el narcisismo.

—¿Cómo ves la situación del cine de género en la actualidad?

—Me gusta el cine de género con marca de autor. En algún momento el establishment era el cine de género, el cine yanqui. Ese es el cine que se consume más y se intentó poner una marca propia tomando el modelo del cine de autor más europeo. Pero el problema con el cine de autor es que a diferencia del cine de género, a veces parece olvidarse del público. Desde la crítica, se empezó a denostar a las películas que intentaban ser entretenidas, como si eso fuera un pecado o como si fuese un insulto tratar de llevar gente al cine.

—¿Un menosprecio hacia el cine como industria...?

—El cine se va a industrializar, es parte de un paquete político. El cine dejó de ser industria en la Revolución Libertadora, cuando comenzó el proceso político en el cual se fue bombardeando todo lo nacional. A partir de ahí empezó a ser un arte subsidiado dependiendo de los vaivenes y de las decisiones que iban teniendo los gobernantes de turno y hoy es un buen momento para el renacer de la industria, entre ellas, la del cine.

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