Desde Girona, España, quiero hacer conocer una situación que me tocó vivir a bordo de un avión de nuestra querida Aerolíneas Argentinas. Para ello quiero presentarme: soy Argentina, de 79 años de edad, viuda y discapacitada a raíz de una doble operación de cadera que me obliga a utilizar silla de ruedas. Ahora voy a relatar lo que me ocurrió en el vuelo 1160 del día 20 de septiembre de este año, que partió de Ezeiza rumbo a Barcelona. Cuando compré mi pasaje me asignaron un asiento en el medio de la hilera central. Cuando la persona encargada de conducirme hasta el avión vio mi número de asiento me comentó que estaba lejos del toilette y que me sería difícil llegar a ese lugar ya que viajaba sola. Así fue que al recibirme, las azafatas muy gentilmente me dijeron que ya verían cómo solucionar mi problema. Entonces decidieron solicitarle al ocupante del primer asiento de la fila que me lo cediera, a lo que el pasajero se negó rotundamente, aduciendo que para que eso ocurriera deberían cederle un lugar en primera clase, ya que viajábamos en clase turista. Ante esta negativa, las azafatas, sin comentarios, me solicitaron que las acompañara, para lo cual dos de ellas me ayudaron a conducirme hasta el último asiento de primera clase y así fue como viajé, como ellas mismas me dijeron: "No se haga problema, aquí no la van a molestar y va a viajar como una reina". De más está decir que esto me llenó el corazón de agradecimiento y aunque solté algunas lágrimas, mi viaje a partir de allí fue sumamente placentero, feliz; porque aparte de esta circunstancia, me dí cuenta que Aerolíneas posee no solamente un personal idóneo sino que además tiene personas con un alto toque de solidaridad y amor al prójimo. Considero que es bueno que las acciones positivas se conozcan y se divulguen. Con esto me despido felicitando a Aerolíneas por ser una gran empresa que lleva su presencia en forma tan magnífica y que enorgullece a los que vemos nuestra bandera presente en tantos lugares lejanos.





























