Aprovechando mis vacaciones anuales, viajé hasta la hermosa ciudad de Rosario. Disfruté de los paisajes, monumentos y calidez de los ciudadanos. El problema surgió en Salta y Alvear, luego de visitar un bar de la zona, el cual es vigilado por un policía, y a su vez caprichosamente custodiado por los "chicos" que cuidan los autos. Al salir del bar, por sorpresa, no se me acerca nadie a cobrarme la estadía del auto. Pero oh casualidad: faltaba el estéreo. Ese hecho, acostumbrado a vivir esta realidad, duele. Aunque no duele menos que la actitud soberbia de la policía que, como primera medida, tomó una actitud burlona; segunda, evitaba el trabajo de tomar la denuncia, y tercero, mentirme sobre la averiguación en la zona. Lástima, vergüenza y tanta desilusión es la sensación en la cual me sumergí, que no tengo más remedio que expresarlo a la sociedad rosarina.



































