Desde la implementación del presupuesto participativo, he venido diciendo que la creación del mismo es una muy inteligente medida política para trasformar al ciudadano participante en un cómplice necesario para el desmanejo de los fondos públicos y al mismo tiempo tapar de alguna forma la falta efectiva de representatividad que tienen los miembros del Concejo Deliberante elegidos por el sistema representativo proporcional. Quitándoles la obligación de representar a alguien y dejándoles sólo la tarea de cobrar un sueldo para él y el partido al cual representa. La realidad de la catástrofe ocurrida en la Capital Federal y la ciudad de La Plata desnuda la realidad de que no existe Estado, solo un ente que reparte dádivas y sostiene con los aportes ciudadanos a los políticos y a sus estructuras. La función del Estado es brindar servicios, directa o indirectamente y planificar la prolongación y optimización de esos servicios en el tiempo. Para eso se necesita organización, estructura y funcionarios de carrera, algo que la actual corporación política en forma eficiente y eficaz ha destruido. Para muestra basta un botón: le sugeriría a todos los ciudadanos que tengan dudas que se paren algún día en la rotonda de las calles Mendoza y Wilde y miren la prolongación de esta hacia el sur, a 400 metros verán la bajada que hace más de 20 años se construyó, junto con la autopista Rosario-Córdoba, para facilitar la entrada y salida de camiones al mercado. El acceso de tierra a la misma está cerrada y los domingos cobran estacionamiento. O el caso de la falta de funcionarios y dinero para sostener un centro de evacuados, algo que ocurrió en la última gran inundación que tuvo Rosario, de público conocimiento. Recordar la reforma política y los 14 puntos... Año 2001. Memoria.





























