La presidenta, una vez más comete el desatino de hablar de personas que no están presentes. Pero he dedicado mi vida a los medios de comunicación, a la producción de programas, he sido directivo de medios de comunicación, y no he sido periodista porque nunca lo pretendí. Pero vale decir públicamente que esa pretendida sospecha de herir y dañar la honra de periodistas es execrable, dado está que hay en todas las actividades y profesiones personas que la dañan, pero querer expresar que es el periodismo el mal de todos los males es excesivo e injusto, dado que la obstinación por cumplir con su deber llevó a la muerte a muchos periodistas, que hasta fueron capaces de filmar su propia muerte. Cuando ella expresa para la tribuna el caso de los PNT (publicidad no tradicional) está mezclando el segmento comercial con el periodístico, que está perfectamente diferenciado. La publicidad tradicional es aquella que mediante un anuncio de un producto, su precio, o institucionalmente promueve a una empresa. La PNT hace que de pronto un sorteo de productos que no contenga el mensaje tradicional se pueda pautar. Ese mensaje tiene un costo, y consta en la facturación y se pagan impuestos por ello. Eso tiene que ver con la gerencia comercial del medio. En ese tema no intervienen los periodistas. Aquí la presidenta pretendió involucrar el ejercicio del periodismo con la comercialización que no corresponde, y ultrajó el honor del periodismo apoyándose en algo que ella sabe que no es así. Me preocupan estos niveles de agresión y molestia. Me preocupa la insolente manera de mancillar el buen nombre y honor de periodistas que he conocido y he gozado de su amistad, que han dado su vida y su ejemplo de tan virtuosa y peligrosa profesión, a la que le han entregado tantas vidas. Le pido a la presidenta que en algún momento de reflexión se retracte de tamaña ofensa, gratuita y mal intencionada. Yo sé que le molestan las opiniones diferentes, pero así es la democracia.



























