El Papa Benedicto XVI denunció anoche en Londres que el precio que tienen que pagar los cristianos por la fidelidad al Evangelio “no es ya ser ahorcados o descuartizados, sino ser excluidos y ridiculizados por una sociedad en la que el relativismo moral e intelectual amenaza con minar sus pilares”.
En el primer baño de multitudes que tuvo el Pontífice alemán de 83 años desde que llegó al Reino Unido, hace ya cuatro días, lideró una vigilia de plegarias en el Hyde Park, el gran parque londinense, con motivo de la beatificación el cardenal John Henry Newman (1801-1890), un anglicano que se convirtió al catolicismo y que está considerado como uno de los “padres espirituales” del Concilio Vaticano II.
En Hyde Park se puede hablar libremente, pero no se pueden desarrollar actividades religiosas, por lo que fue necesaria una autorización especial para el acto, al que asistieron más de 80 mil personas.
Por la mañana, un contrito Benedicto XVI, durante su homilía en la catedral londinense de Westminster, había expresado su enorme tristeza por los casos de abusos de chicos por parte de sacerdotes durante décadas en diversas partes del mundo.
Benedicto XVI reconoció la fuerte influencia que ha tenido en su formación el pensamiento del cardenal Newman (que será beatificado hoy) y resaltó que la existencia del purpurado enseña a los cristianos la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y como la conversión genuina comporta un precio que pagar.
“En nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, sino que a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado. Y, sin embargo, la Iglesia no puede sustraerse a la misión de anunciar a Cristo y su Evangelio como verdad salvadora y fundamento de una sociedad justa y humana”, dijo el Papa.
También se refirió a la crisis de fe que vive el mundo y aseguró que “nadie que contemple con realismo el mundo de hoy puede pensar que los cristianos pueden permitirse el lujo de continuar como si no pasara nada, confiando en que el patrimonio de valores transmitido durante siglos de cristianismo seguirá inspirando y configurando el futuro de nuestra sociedad”.
El Papa subrayó que en tiempos de crisis y turbación “Dios ha suscitado grandes santos y profetas para la renovación de la Iglesia y que cada uno de los cristianos está llamado a trabajar por el progreso del Reino de Dios”.
A la vigilia asistieron miles de jóvenes, a los que el Papa animó a dedicarse a la educación y a no cerrar las puertas a la vocación sacerdotal, “ya que hacen falta sacerdotes buenos y santos, hombres dispuestos a dar la vida por la grey”.
































