Provengo de una familia que vivió como tal sin necesidad de la fe católica, mi recorrido por las escuelas oficiales, sin religión, me permitieron cosechar algunos amigos y hermosos recuerdos. Pero sobre los dieciocho años encontré a Cristo o el me encontró a mí, para el caso, fuimos los protagonistas de esta hermosa aventura de aceptarlo como Padre y el a mí como hijo. Más aún, me encontré con su Iglesia, la Iglesia Católica presente en sacerdotes y fieles muy convencidos y alegres de su fe, pero con otros no me encontré, literalmente choqué, así descubrí el fariseísmo o hipocresía religiosa o "el careta moral". Hacían o hacen como que creen en lo que dicen o hacen, pero cuando uno lee que Cristo ya se había topado con ellos, peor aún, que un discípulo suyo llamado Judas lo había traicionado por dinero, todo me quedó más claro. Comprendí que la hipocresía o doble moral no es patrimonio de muchos políticos solamente, que en la Iglesia también existen "los que hacen una cosa pero te predican otra", lo peor es cuando tienen autoridad, si no te corrés te quieren aplastar, como le pasó a Jesús. Hipócritas religiosos hay en todos los cultos, pero en la Iglesia la cosa hace más ruido. Lo lamentable del último caso, como en los anteriores, es la traición a su compromiso, disfrazándolo de imprudencia, como si el problema fuera ser encontrado "in fraganti". Lo lamentable es que algunos obispos —los de la provincia de Corrientes, por ejemplo- con espíritu de cuerpo, quieran suavizar o edulcorar las cosas hablando para la gilada. Lo lamentable es llenarse la boca defendiendo a los pobres, y al mismo tiempo usar la plata de las colectas para irse con alguna amiga de vacaciones. En fin, por gracia de Dios, quienes perseveramos en la Iglesia, lo hacemos por creer en lo que no vemos a pesar de lo que vemos. Judas dejó discípulos, lo importante es identificarlos y que se vayan a trabajar, que no vivan de la Iglesia.






























