En 1928, el diario La Razón hizo una encuesta entre niños de escuelas primarias sobre cuál debiera ser, por su presencia, por sus cualidades y por su comportamiento, el ave de la patria. El sondeo de opinión tuvo gran éxito. Participaron cerca de 40 mil escolares. Obtuvo el primer puesto el hornero, con 10.725 votos; segundo, el cóndor, con 5.803; tercero el tero, con 4002 votos; cuarto, el ñandú con 3.327; quinto, el chajá con 2.724 y sexto el chingolo con 2.622 votos. Además existe el nombre vulgar, como lo llama el pueblo, y que varía según las regiones. Al ave ganadora se la conoce como hornero, casero, caserito, pájaro albañil. El nombre científico es "furnarius rufus" del latín hornero rojo. La flor del ceibo fue declarada flor nacional por decreto del Poder Ejecutivo de la Nación el 23 de diciembre de 1942. También es "zuinadi" en guaraní, flor de coral, pico de gallo, seibo, ceibo macho. Su nombre científico es "eritrina crista galli", de ahí eritrocito, sinónimo de glóbulo rojo y Eritrea, país de Africa, por estar situado en una costa del Mar Rojo (Eritria tallassa, en griego). El ceibo, exponente floral de nuestro país, ha sido evocado en leyendas aborígenes y cantada por poetas y motivos musicales, que han enriquecido nuestro folclore como en la famosa canción "Anahí". Quiero compartir este deleite que me produjo saber de estos dos emblemas de nuestra patria, tal vez menos conocidos, y también mi deseo de que se divulguen entre nuestros niños y jóvenes.































