El reciente fallo de la Corte atinente al aborto inevitablemente me recuerda al inmortal tango Cambalache, de Discépolo. Es que dicha sentencia es tan desatinada, trastoca tantos principios jurídicos que, independientemente que se tenga la postura abortista o antiabortista, merece el repudio de cualquier amante del derecho ya que sus " fundamentos" y derivaciones trascienden ampliamente el tema del aborto. Si la Corte menemista fue destituida por sus fallos presuntamente favorecedores de la corrupción gubernamental cabría hacer lo mismo con esta Corte que ya ha dictado varias sentencias inicuas siendo ésta la coronación y frutilla del postre. En primer lugar, la Corte se ha excedido ya que no debió dictar fallo alguno porque no tenía que resolver ninguna causa concreta, ningún conflicto ya que el caso que originó su jurisdicción se había agotado. Con su actitud la Corte rompió con la regla invariable seguida por la Corte bajo distintas composiciones de no dictar sentencias en abstracto. Pero lo hizo usurpando entonces el rol de legislador ya que su fallo pretende tener efectos generales ya que, reitero, no tendrá ninguna influencia en el caso específico traído a su potestad. Esto realmente tiene gravedad institucional. En nuestro sistema constitucional no hay una Corte de Casación como en otros países que tenga potestad para resolver interpretaciones de las leyes con generalidad y en abstracto. En segundo término la determinación de si hay una causal de justificación o de impunidad respecto a ciertos delitos o conductas objetivamente antijurídicas (la legítima defensa, el estado de necesidad, el ejercicio legítimo de un derecho, cumplimiento de la ley o la violación en el caso del aborto) corresponde exclusivamente a la Justicia quien deberá determinar si se da o no dicha causal de justificación o impunidad. Pero aquí la Corte hace tabla rasa con este dogma jurídico, unánimemente aceptado por la doctrina y la jurisprudencia (hasta ahora). La Corte sostuvo que basta una simple declaración jurada para que se tenga por acreditada la supuesta violación y por ende no solo tener al aborto si se practica por impune sino que además yendo mas allá afirma que se debe realizar sin dilaciones en atención al supuesto derecho de la presunta víctima de la violación a abortar. ¿Y el derecho del feto a vivir? Aquí la Corte usurpa el rol de legislador ya que establece el mencionado requisito de declaración jurada y además dice que no debe intervenir la justicia. Bueno siendo coherente exigimos que si matamos a un presunto asaltante la Corte establezca que basta una declaración jurada para tener por justificada dicha muerte por legítima defensa para que no pasemos una o mas noches en un calabozo mientras la justicia averigua qué realmente pasó. Y si robamos y decimos que lo hacemos por hambre es lógico según la mentalidad de la Corte que baste una declaración jurada de que nos apoderamos por necesidad para quedar justificados y para no recargar a la justicia con otro asunto a investigar. Además los ministros de la Corte son el sumo de cándidos (o pícaros) ya que parece que no se les pasa por la cabeza que dichas declaraciones juradas puedan ser falsas. Y a desalentar por innecesarias para abortar las denuncias por violación y en la práctica prohibir o impedir que la justicia investigue entonces se incrementará la impunidad y por ende la reincidencia de los violadores. Otra barbaridad jurídica: la Corte afirma que respeta exhortaciones de organismos internacionales (que por ende no son obligatorias) pero se aparta de tratados internacionales incorporados a nuestra Constitución y que por ende son obligatorios que reconocen e imponen respetar la vida desde la concepción. También soslaya el principio jurídico de que cuando colisionan dos derechos la Justicia debe privilegiar al de más valor. Aquí en la colisión entre el interés o derecho de la embarazada a suprimir su embarazo y el derecho de su hijo a vivir y por ende a nacer no cabe ninguna duda. El valor vida es el valor supremo. Podría agregar mas críticas a ese pernicioso fallo pero con lo expuesto desgraciadamente basta y sobra para afirmar que estamos ante un verdadero cambalache.






























