Unos vecinos sacaron a la vereda restos de una poda de alguna enredadera o algo similar. El trabajo lo realizó un muchachito que, actuando solo y con las manos como única herramienta, tardó entre una y dos horas. Un par de días después, creo que el miércoles 8 pasado, el municipio se ocupó de retirar esos restos, todo ramazón liviana suelta y en pequeños atados, del volumen que podría caber perfectamente en un volquete grande. Para realizar el trabajo actuaron seis personas con sus correspondientes elementos: un camionero con un camión volcador, que estuvo esperando en el lugar desde antes de las 7.30, una pala cargadora con retroexcavadora que apareció a eso de las 9, tres personas de cuadrilla con horquillas y palas, y un -supongo- supervisor municipal con un vehículo tipo Trafic, que coordinó las tareas, que se dieron por terminadas a eso de las 10. Cuando actuó la pala mecánica fue necesario cortar el tránsito por Tucumán en la esquina con Castellanos, donde se apostó cruzado el camión de marras. Resumo: seis personas, tres vehículos, una cantidad de horas de trabajo, que con su respectivo costo, dejo para calcular a alguno de los tantos especialistas que nos rodean con sus fórmulas polinómicas. Todo para hacer el trabajo que el mencionado muchachito podía haber realizado con las manos, en no más de una hora más de trabajo, de haber dispuesto de un simple volquete, que por otra parte los dueños de los restos de poda podían, sin duda, afrontar como gasto. Si esta es la forma en que el municipio gasta los esforzados aportes que conforman sus rentas, sonados estamos.



























