Quería responder a una carta que se publicó la semana pasada en este espacio ("La paja en el ojo ajeno" 28/12). El debate sobre el celibato sacerdotal pertenece a la familia. Los que amamos, construimos y crecemos en la Iglesia somos los únicos con derecho a pedir cambios en aquello que nos parezca deficiente o inadecuado. Es ridículo opinar sobre las costumbres de una familia si no se pertenece a ella. En cuanto a las controversias que han surgido producto de abusos de sacerdotes, son lógicamente condenables, Pero el cristiano "bien informado" sabe a quién sigue, sabe en quién tiene puesta su fe, en Jesús. El nos enseñó a amar a su Iglesia a pesar de su parte "humana", que es limitada. La Iglesia es santa y pecadora, no hay que quedarse sólo con el segundo término, objeto de publicidad de los medios de comunicación. En cuanto a los homosexuales, la Iglesia pide respetarlos y ayudarlos por ser hijos de Dios, pero no podemos aceptar su condición, porque es contraria a la ley divina. En todo caso, hay que enojarse con Dios, leyendo la Biblia se despejarán las dudas. Si no se quiere aceptar esto entonces el problema es otro.




































