En su edición del 3 de septiembre, La Capital informó sobre un nuevo caso del cuento del tío. El cuento del tío es una estafa que admite una amplia gama de "modus operandi". Pero la esencia es siempre la misma: la capacidad del estafador para actuar, para inventar una historia que resulte creíble empleando un vocabulario y una estrategia acordes a la situación, su frialdad para mentir, para elegir a las víctimas y aprovecharse de su confianza o de su inocencia (o de su ambición en algunos casos) convenciéndolas de que están haciendo un gran negocio. Se originó en el "billete premiado": el cuentero ofrecía un billete de lotería falso favorecido con un premio importante, mostrando un periódico o extracto que lo corroboraba, y argumentando que no podía esperar para cobrarlo por alguna razón (por ejemplo, porque era extranjero y debía regresar de inmediato a su país), lo vendía por una suma muy inferior al "premio". La denominación cuento del tío viene de la historia que el estafador contaba de que había recibido una cuantiosa herencia de un tío lejano que vivía en Europa y pedía dinero para hacer el viaje y cobrarla, prometiendo devolver una cantidad varias veces superior a la prestada. El timador se iba y nunca más aparecía. Era también frecuente el truco de la "máquina de hacer dinero" (filo mishio), un artefacto de artesanía casera que se ofertaba en venta a la víctima haciéndole creer que con ella podía fabricar billetes de banco. Estas viejas modalidades han sido reemplazadas por otras más modernas: hoy los cuentos del tío pueden llegar por vía e-mail o través del teléfono. El cuento del tío se hace presente también en el mundillo político, aunque con una versión más disimulada: las promesas en las campañas electorales para sacarle su voto al ciudadano y que luego nunca se cumplen.



























