Desde hace ya mucho tiempo y publicadas en varias ocasiones por La Capital, me explayé sobre el tema de zonas de esparcimiento que a mi entender y con mi experiencia en urbanismo, destaco cómo en otros países se han utilizado los Waterfront (similar Puerto Madero, donde todo el esparcimiento se concentra frente al río) nucleando infraestructura de servicios, control y asegurando en la zona de viviendas el bienestar de sus residentes. El ruido tiene importantes repercusiones tanto en la composición del sueño, y a largo plazo sobre la salud y la calidad de vida. Los efectos primarios son el aumento de la actividad cerebral, de los movimientos del cuerpo y de las respuestas autónomas. Estos efectos comportan numerosos despertares y cambios a fases de sueño más superficiales, además de una percepción intrínseca de mala calidad del descanso. La capacidad de alcanzar las fases más profundas del sueño es la que resulta más perjudicada por la exposición al ruido. El ruido tiene también otros efectos inmediatos como el aumento de la frecuencia cardíaca, de la frecuencia respiratoria, de la presión sanguínea y de vasoconstricción. En 2009, más de 7.000 personas expusieron en la web las causas que les impedían conciliar adecuadamente el sueño: ruidos molestos causados por música, y conversaciones en volumen muy elevado, el griterío de la gente o las tertulias de madrugada. Como residente de una manzana que cuenta con dos salones de fiesta, me pregunto: ¿cuál es la diferencia de que un geriátrico según las normas deba estar habilitado como centro de salud, para obstaculizar la instalación de un boliche bailable, cuando todos los seres humanos tenemos derecho a un descanso digno? Tenemos un derecho adquirido al descanso en nuestras viviendas en las que pueden vivir discapacitados, ancianos y lactantes y seres humanos convencionales. Me solidarizo con los vecinos de Esperanto, porque sé en mi caso personal lo que significa la alteración del sueño por gritos, timbres, alarmas a cualquier hora, ocupación de cocheras y lugares de discapacitados y todo tipo de desmanes ocasionados por adolescentes y "no tanto" a la salida de estos antros que no cuentan con habilitaciones e inspecciones como corresponden.






























