El muchacho se despidió de su novia y caminó hacia un cruce del barrio Soldado
Aguirre de Villa Gobernador Gálvez para tomar un colectivo hacia la terminal de ómnibus. Desde allí
planeaba abordar un micro hasta su casa de Capitán Bermúdez. No llegaría a destino. Un balazo
disparado por un motociclista le perforó el pecho y murió en el acto. Hasta anoche, la motivación
del crimen era un misterio para los investigadores. Un dato alimentaba la incertidumbre con
relación a los motivos del crimen: al joven asesinado no le robaron nada.
Nazareno Horacio Enriquez tenía 29 años y trabajaba en una empresa de
mantenimiento. Nueve meses atrás conoció a su novia, Daniela Sánchez, de 20, a través del chat.
Desde entonces, viajaba todos los fines de semana a Gálvez para visitarla. El domingo a la mañana
repitió el ritual. Como siempre, Nazareno llegó a la vivienda de Daniela ubicada a una cuadra y
media de la esquina de Rosario y Soldado Argentino.
Cerca de la medianoche decidió volver a Capitán Bermúdez. A las 23.30 preparó el
bolso con la ropa que le había lavado Daniela y guardó los curriculum que la chica le había
preparado para que presentara en algunas empresas. Ella lo acompañó hasta la puerta. El caminó unos
pasos y se detuvo para anudar el bolso. "Tal vez no quería irse porque suponía que algo malo podía
pasarle", conjeturó Daniela a LaCapital.
Desde la moto. Cuando el muchacho le dio el último beso a su novia, la mirada
persistente de dos jóvenes sobre una motocicleta se posó sobre la pareja. "Los pibes iban en una
moto Guerrero y, cuando nos vieron, intentaron frenar, pero al final se fueron por (la calle)
Rosario hacia el sur", comentó la chica.
Daniela presumió que los desconocidos planeaban asaltar a Nazareno y entonces le
gritó. "Andate ya". Entonces, el conductor del rodado, un pibe con "una gorrita clara", aceleró
para irse. Nazareno recorrió los 150 metros que lo separaban de la parada de la línea 142, la
esquina de Soldado Aguirre y Rosario. El coche lo llevaría a la terminal de ómnibus.
Pero curiosamente se detuvo en la ochava de enfrente: la sureste. Daniela se
acostó a dormir y diez minutos después unas estampidas la sobresaltaron. Creyó sin alarmarse que se
trataba de las frecuentes balaceras en el barrio, pero la sirena de una ambulancia la hizo saltar
de la cama. "Escuché que una vecina dijo que habían baleado a alguien y quise salir, pero mi mamá
no me dejó", recordó.
Angustiada, le envió a Nazareno un mensaje de texto a través del teléfono
celular. "¿Estás bien?", le preguntó un par de veces la chica, pero él no respondió. Ya para
entonces, una mujer intentaba en vano reanimar al muchacho. "Le hizo respiración boca a boca, pero
no pudo salvarlo", explicó.
El muchacho estaba tirado en el suelo con la clavícula perforada de un balazo.
Según dijo un testigo, dos muchachos en una moto se detuvieron en la esquina de Soldado Aguirre y
Rosario. Una vez allí, uno de los ocupantes del rodado se bajó y le disparó a Nazareno. "Una mujer
me dijo que un pibe lo abrazó y otros dos le revisaron el bolso", contó Daniela.
Pero los agresores no se llevaron nada. Junto al cuerpo estaba el celular, la
ropa y una billetera con seis pesos. Hasta anoche, no se había develado el misterio sobre el motivo
del ataque.