Casas encima de autos, lanchas apiladas en los bosques y una amplia planicie de la costa hundida bajo el mar son las imágenes que dejaron las cinco olas gigantes que asolaron el pueblo costero de Dichato, al sur de Chile.

Casas encima de autos, lanchas apiladas en los bosques y una amplia planicie de la costa hundida bajo el mar son las imágenes que dejaron las cinco olas gigantes que asolaron el pueblo costero de Dichato, al sur de Chile.
"Nos vamos a tener que tomar las casas de los cerros, las de los veraneantes", dice Beatriz Vergara, una empleada de ojos llorosos. "Se las vamos a cuidar", agrega como excusa.
"No sé cómo vamos a vivir", confiesa la mujer frente a los escombros de su vivienda, que el mar al menos dejó destruida en su propio terreno. "Esa casa de allá, la morada, estaba bajo el ciprés que está en ese lado", apunta hacia una distancia de un kilómetro.
El Pacífico hizo de esta caleta de pescadores un pandemonio. No hay caminos ni luz ni agua. Las redes de los barcos cubren los techos de las casas, algunas habitaciones de baño fueron arrancadas de los hogares, como si fueran juguetes, y puestas en cualquier lugar, con las tinas en los techos. Decenas de casas fueron sacadas de cuajo de sus cimientos y pasaron por encima de otras casas para acabar en lugares impensados.
"No quiero ir a ver mi casa", dice José Daniel, un pescador que deambula entre los escombros como otros cientos de vecinos que se atreven ahora a bajar a la costa, tras huir hacia los cerros. Este hombre busca entre toneladas de escombros los cuerpos de sus vecinos desaparecidos. También trata de encontrar comida para los niños que nadie sabe cómo alimentar. "El jefe (Dios) nos mandó esto por algo", comenta mientras camina.
Beatriz Vergara también cree en la ira de Dios. Dos bancas cruzadas como una cruz invertida en un iglesia adventista parecen confirmarle sus temores. "Los policías andaban desnudos por las calles", agrega.
La imagen de unos muchachos recorriendo el lugar con pistolas ratifica el desorden. "Llegaron delincuentes a saquear desde otros pueblos" agrega un vecino, que luego vuelve a caer en un silencio profundo, con la vista perdida en los tres kilómetros de tierra que el mar ahogó hacia adentro, destruyendo todo a su paso entre los escombros de Dichato, un poblado pesquero y turístico, conocido antes por su vida casi bucólica.
Familias completas aún buscan a sus integrantes. "¡Allí viene mi sobrina!", grita Beatriz Vergara y se funde con ella en un abrazo llorando a gritos.
El temor aún recorre las calles. "Yo cierro los ojos y me imagino las olas. Recuerdo el ruido, ese ruido tan fuerte que venía del mar", dice Beatriz Vergara y sus ojos vuelven a contener las lágrimas. Finalmente al salir de Dichato, un barco varado detrás de los cerros confirma lo inimaginable de la tragedia.
En medio de las ruinas de lo que fue el portón de la casa se ve un letrero en mapudungun (lengua mapuche) que dice "manichiweu" (mil veces venceremos), ancestral lema de ese pueblo adoptado por Bernardo Reyes, un pescador artesanal.
"No tenemos nada, ni barcos, comida ni ropa, pero acá estamos, esperando que nos ayuden para salir, porque en unos cinco años vamos a hacer que el pueblo sea mejor que antes, no nos dejamos vencer", sostiene Reyes. (DPA)