En estos días el gobernador Antonio Bonfatti planteó un debate acerca de la conveniencia de despenalizar el consumo de marihuana alegando que esta medida pondría un límite al narcotráfico. Sin embargo, hoy el consumo en su faz privada no está penalizado, de acuerdo con distintos fallos de la Corte en ese sentido. Esta propuesta se inscribe en un contexto en el que la provincia de Santa Fe se ha convertido en un lugar con fuerte producción y consumo de drogas. Hoy en la ciudad de Rosario abundan sobre todo en las zonas marginales las cocinas de droga y los denominados "kiosquitos" que se dedican a comerciar todo tipo de estupefacientes contando con el amparo de una policía provincial que sólo sigue dando muestras de evidente deterioro en cuanto a muestras de honestidad y lucha contra el narcotráfico. En términos prácticos, la despenalización sólo va a agravar la situación existente. ¿Por qué? Por diversas razones. La Organización Mundial de la Salud afirma que hay tres variables que inciden en el consumo de estupefacientes: la aceptación social, la disponibilidad en términos de cantidad y precio y la psiquis del consumidor y su entorno familiar y social. Decirles a los jóvenes que no está penalizado consumir drogas ilegales en la vía pública es un mensaje contundente que impacta en la aceptación social y genera un mensaje que dice que consumir drogas es algo positivo para la salud del individuo. Quienes promueven estos cambios penales argumentan que si una persona en su faz privada quiere drogarse lo puede hacer amparándose en el artículo 19 de la Constitución. Pero ésta no es una práctica privada sin consecuencias para el entorno social. Al contrario, la ciencia ha demostrado claramente que el consumo de estupefacientes deteriora la corteza cerebral, la sinapsis neuronal y el lóbulo frontal del cerebro generando dependencia, y sufrimiento a familiares y amigos. La Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y el Narcotráfico (Sedronar) ha publicado un estudio que demuestra que la drogadicción incide altamente sobre el sistema de salud, tanto por los tratamientos de rehabilitación como por el manejo de urgencias por sobredosis y los efectos derivados del consumo. Holanda, pionera en el mundo en la despenalización y legalización del consumo de la marihuana, en los años 70 restringió el consumo y la venta de todos los demás estupefacientes (a diferencia de lo que propone Bonfatti). Es cierto que en muy pocos casos se han aplicado en el país penas privativas de la libertad por tenencia o consumo, y enviar a prisión a una persona enferma por el solo hecho de consumir o poseer drogas para consumo personal sólo agravará su situación. Por ello se debe quitar toda posibilidad de aplicar pena de prisión; pero sí, debe haber tratamientos para los adictos. Los jóvenes pobres que hoy acceden a tratamientos de rehabilitación por orden de un juez no podrán hacerlo, ya que esa facultad desaparece con la reforma que propone el gobernador. Sin la orden de un juez será sumamente complicado que alguien se haga cargo de una rehabilitación costosa, larga y ahora no obligatoria. En síntesis, despenalizar el consumo de marihuana sólo generará un aumento en la cantidad de consumidores, un mercado mayor para disputar entre narcos, con lo cuál habrá más violencia y más muertes, y un aumento del poder económico de narcos para comprar voluntades políticas y policiales.































