"Para los abogados acá hay delitos: desapariciones, torturas, privaciones ilegales de la libertad, pero para los familiares más que delitos hay dolores. ¿Cuántos dolores tienen que pasar por este escritorio para que los asesinos estén presos?", preguntó ayer, ante el Tribunal Oral Federal Nº2 (TOF-2) de Rosario, Francisco Oyarzábal, cuyo hermano José Antonio es una de las víctimas de la "masacre de Los Surgentes".
En la audiencia de ayer del juicio oral por la causa Díaz Bessone, que investiga crímenes de lesa humanidad cometidos en el Servicio de Informaciones (SI) de la policía, se avanzó en los sucesos que culminaron en la localidad cordobesa, "donde aparecieron vilmente asesinados los cuerpos de Cristina Costanzo, María Cristina Márquez, Ana Lía Murgiondo, Daniel Oscar Barjacoba, Sergio Abdo Jalil, Eduardo Felipe Laus y José Antonio Oyarzábal. Los siete fueron sacados del SI en la madrugada del 17 de octubre de 1976", señaló la abogada querellante Leticia Fascendini.
José Antonio Oyarzábal fue secuestrado el 12 de octubre de 1976 junto a Eduardo Laus, su compañero de militancia y estudio en la facultad de Derecho. María Inés Oyarzábal sintetizó ante el Tribunal los más de 34 años de lucha por la verdad, cómo se fueron reuniendo las familias de las siete víctimas, el horror de presenciar las exhumaciones de la fosa común en el cementerio San Vicente, en Córdoba, en 1984, donde fueron encontrados más de 50 cráneos (muchos de los cuales presentaban orificios de balas y algunos todavía tenían las vendas en los ojos), enterarse en el 2003 luego de dar muestras de sangre al Equipo Argentino de Antropología Forense que los restos óseos habían sido incinerados en 1985 pese a la orden judicial de depositarlos nuevamente en el cementerio tomando los recaudos tendientes a su perfecta conservación e identificación inmediata.
La testigo finalizó su testimonio diciendo que "aprendimos con este horror palabras que para nosotros tenían otro significado: desaparecido, tortura, NN, submarino. Nos asomamos a todo esto".
A su turno, Francisco Oyarzábal relató los años de búsqueda de su hermano y el silencio de todas las instituciones, hasta que en 1982 se enteró por un llamado telefónico que José Antonio, junto a seis compañeros secuestrados, habían sido sacados con vida del SI y que habían aparecido asesinados en Los Surgentes. "Ahí fue el gran golpe, la certeza de la realidad, la verdad negada por el Ejército y los curas durante tantos años", enfatizó.
"Cuántas madres murieron sin saber dónde están sus hijos, cuántas abuelas murieron sin saber dónde están sus nietos, y ellos (por los represores) todavía callan", exclamó. Cerró su testimonio diciendo a los jueces que hablaba "desde el dolor, para los abogados acá hay delitos: desapariciones, torturas, privaciones ilegales de la libertad, pero para los familiares más que delitos hay dolores. ¿Cuántos dolores tienen que pasar por este escritorio para que los asesinos estén presos?".
Completaron la jornada los testimonios de Inés Gloria Paulón y Eduardo Sguiglia. La mujer, prima de Pedro Elio, secuestrado junto a Rut Gónzalez y sus dos pequeñas hijas Josefina y Mariana, relató que vio un fuerte operativo policial la madrugada del 20 de julio de 1976 en casa de sus familiares, cuando fueron secuestrados.
Sguiglia, en tanto, aludió al secuestro de su amigo Osvaldo Matoski Severín, quien había sido buscado intensamente por militares en casas de familiares y amigos. El TOF-2 dispuso que las audiencias se reanuden el lunes.