Todos los días la misma historia. La gente que se queja por la inseguridad, por la inflación, por el alevoso grado de corrupción, por la escasez absoluta de trabajo digno, estable y bien remunerado, por el aumento desmedido de los alquileres y la ausencia de cualquier intento de lograr "el sueño de la casa propia". En fin, con este panorama los jóvenes vislumbran un futuro desolador, y los viejos, principalmente los que cobran la llamada "mínima", pueden desde ya ir haciéndose el harakiri, y como dice el tango "con muchos boletos rotos tendrán que ver si hay Dios". Qué va ser, vió, esta es la "sintonía fina", donde nos entretienen a todos desperdigados, pero eso sí "entusiasmados" con el fútbol para todos, el automovilismo para todos, bailando y cantando por algún sueño y exaltando efemérides a través de una multitud de feriados, convertidos en grotescos espectros de algún lejano carnaval.






























