Doctor Gustavo Feldman: a los rosarinos nos duele aparecer en ciertos titulares, pero más nos duele que el ejemplo de Las Leonas sea empañado y derribado por otros intereses y se borre la buena fama alcanzada, con esfuerzo cotidiano y ética. Habrá que utilizar sus figuras para estimular las células espejos de tantos adolescentes confundidos y deprimidos. Como abogado defensor de los dueños de los boliches, nos enfrentamos en varias oportunidades, pero cuando escribiste el libro: "Los derechos del niño" y regalaste escribiendo de puño y letra: "A Mirta con aprecio personal y respeto profesional, en reconocimiento a su trabajo en pro de niños y adolescentes, 19 de septiembre de 1998", creí que habías cambiado de filas. Me ilusioné por ser padre de dos hijas y pensé que me ayudarías a enfrentar al mercado de la nocturnidad, promotor de tantas patologías y muertes absurdas. Hay contingencias y contextos que atacan la consciencia y por lógica el comportamiento. Desde que se multiplicaron estos lugares de divertimento, aumentaron los accidentes, las relaciones genitales no sexuales, los embarazos indeseados, la transmisión de enfermedades por actos impensados, el dolor del arrepentimiento por comportamientos en estados semejantes al coma, etcétera. En estos espacios se suman: la ruptura del ritmo circadiano (alrededor del día) tan vital para el ser humano, rituales de consumos legales e ilegales (obviamente venenosos para el cerebro y el comportamiento racional y digno), altos decibeles provocadores de traumas, no solo acústicos, intermitencias lumínicas que afectan las percepciones, los sentimientos y las razones. Pienso que al juez de esta causa, le será difícil juzgar, sin involucrar a quienes lavan y explotan el cerebro de nuestros adolescentes desde edades tempranas. Quienes tenemos la desgracia de la vecindad, también padecemos la complicidad de funcionarios ciegos o con vista gorda, a la hora de autorizar este tipo de lugar. No sólo es imposible descansar o cumplir con nuestras tareas cotidianas, somos espectadores obligados de actuaciones y escenarios trágicos cuando las víctimas salen a las calles aledañas. Da impotencia verlos, no sólo vomitar sus contenidos gástricos, también gritan lo que tienen acumulado, por la vida que los adultos les ofertamos.



























