Por primera vez en su historia el FMI, de la mano de su directora Christine Lagarde, emitió una moción de censura contra nuestro país emplazando a la presidente Cristina a reformar sus estadísticas macroeconómicas antes del 29 de septiembre. Esta amenaza es el resultado de una serie de desencuentros entre el FMI y la Argentina a partir de la crisis de 2001. Luego de la caída de De la Rúa y la posterior crisis de los cinco presidentes, Eduardo Duhalde se hizo cargo del gobierno para completar el mandato del radical. El FMI jamás toleró al bonaerense, pese a su esmero por hacer bien los deberes. Durante su interinato el organismo de crédito humilló a nuestro país, a tal punto que lo obligó a legislar en función de los intereses del capital financiero transnacional. Incapaz de convencer a Reutemann de aceptar la candidatura presidencial, Duhalde se resignó a catapultar al estrellato a Néstor Kirchner para impedir el retorno de Menem al poder. El patagónico asumió el 25 de mayo de 2003 y a partir de entonces no hubo retorno posible en la relación con el FMI. Kirchner puso en práctica una política de desendeudamiento que fue vista por el FMI como un desafío al orden internacional establecido a partir de 1991. Con la asunción de Cristina, el encono del FMI hacia la Argentina se incrementó. El reforzamiento del multilateralismo y la firme decisión de la presidente de cumplir los últimos compromisos de deuda para cortar definitivamente el cordón umbilical con la dictadura del capital, merecía, a juicio del FMI, un escarmiento. El polémico manejo del Indec ha sido tan solo un pretexto para imponer al país un severo castigo por el éxito de las políticas que a nivel internacional aplicó el kirchnerismo. El FMI está presionando para que la Argentina retorne como un corderito al área de influencia del capitalismo financiero transnacional, tal como aconteció durante el reinado del metafísico de Anillaco.































