Cristianos de Pakistán, amenazados por el extremismo musulmán
Para comprender por qué los cristianos paquistaníes se sienten amenazados por el creciente extremismo musulmán en su país, sólo hay que hablar con un guardia en la cárcel donde una mujer cristiana está alojada en el pabellón de la muerte, acusada de blasfemia.
23 de enero 2011 · 01:00hs
Para comprender por qué los cristianos paquistaníes se sienten amenazados por el creciente extremismo musulmán en su país, sólo hay que hablar con un guardia en la cárcel donde una mujer cristiana está alojada en el pabellón de la muerte, acusada de blasfemia.
Aasia Bibi fue sentenciada a la horca en noviembre por supuestamente insultar al profeta Mahoma, bajo las polémicas leyes de blasfemia de Pakistán. Hace unas semanas, un político abiertamente liberal fue asesinado por su propio guardaespaldas por luchar por su liberación.
Desde entonces el asesino es visto como un héroe por muchos en el país mayoritariamente musulmán, donde se está fortaleciendo una interpretación dura y a menudo implacable del Islam.
El guardia Ansaar Jameel, en la prisión de la ciudad industrial de Sheikhpura, en la provincia de Punjab (al noroeste de Lahore) donde Bibi está detenida, resumió el parecer general tras el asesinato del gobernador de la provincia de Punjab, Salman Taseer: “Lo que ocurrió estuvo justificado”.
La muerte de Taseer —y el trato que se le dio a su asesino— han sembrado más temor que nunca en la comunidad cristiana mayormente católica y protestante que representa casi dos tercios de los 170 millones de habitantes de su población.
Al asesino confeso, Mumtaz Qadri, le arrojan pétalos de rosa después de sus apariciones en la corte. Cientos de abogados se han ofrecido a defenderlo de forma gratuita.
Estas son señales preocupantes de que el extremismo religioso ha penetrado en gran parte de Pakistán, un aliado que Estados Unidos considera indispensable en su guerra contra el terrorismo internacional.
“Si un guardaespaldas puede matar a un gobernador, una persona de alto perfil, una persona famosa aquí en Pakistán, el gobernador de Punjab Salman Taseer, ¿qué puede pasarme a mí?”, preguntó el activista cristiano Shahzad Kamran, que ofrece apoyo moral, legal y financiero a personas condenadas por violar la ley de blasfemia.
Kamran ha dejado de visitar a Bibi en la cárcel porque teme por su vida.
“Cualquiera, cualquiera puede asesinarme con la misma acusación que pesó sobre Salman Taseer”, manifestó.
Justicia propia. Los cristianos modernos de Pakistán son los hijos de hindúes o musulmanes convertidos por misioneros que llegaron al subcontinente indio hace unos 250 años.
Cristianos y musulmanes generalmente viven en armonía, pero muchos dicen que son tratados como ciudadanos de segunda clase y se sienten inseguros por varias razones, incluyendo la ley de blasfemia y los esporádicos ataques militantes a iglesias.
Bajo dicha ley, cualquier condenado por hablar mal del Islam o del profeta Mahoma se enfrenta a cadena perpetua o a la pena de muerte. El guardaespaldas Qadri y sus partidarios acusaron a Taseer de ser blasfemo simplemente porque se manifestó en contra de la ley.
Si bien en más de 50 por ciento de los casos los acusados de blasfemia son musulmanes, activistas de derechos humanos dicen que la legislación es a menudo usada para condenar a las minorías, o arreglar cuentas personales, como Aasia Bibi afirma que le ocurrió a ella.
La furia contra Bibi en su pueblo, Ittanwali, parece estar basada en rumores indicando que la mujer había confesado sus insultos contra el Islam. Lo único que está claro es que sus problemas comenzaron con una disputa con otras trabajadoras rurales que posteriormente la acusaron de blasfema.
“Si ella regresara, yo la mataría a golpes con cualquier cosa que tuviese a la mano”, dijo Inayatullah, un hombre de 65 años con encendidos ojos verdes y barba blanca. Un grupo de personas se reunió en torno a él, incluyendo un niño de 14 años, afirmando que la mujer debía morir.
Los malos servicios desacreditan al gobierno, que es profundamente impopular, y hace que la gente sea más susceptible a la prédica de clérigos de línea dura. Que los índices de analfabetismo a nivel nacional superen el 50 por ciento hace que los extremistas ejerzan un enorme poder sobre la gente.
Los cristianos de Pakistán sólo pueden esperar que el asesinato de Taseer no aliente más violencia en su contra.
En el 2009, cuarenta casas y una iglesia fueron incendiadas por una turba de 1.000 musulmanes en la ciudad de Gorja, en la provincia de Punjab. Al menos siete cristianos fueron quemados vivos.
Otra vez en Ittanwali, el clérigo Maqsood Ahmed Masoomi sugirió que si alguien en el pueblo comete blasfemia, puede que no llegue a la justicia. “Deberían ser asesinados en el momento”, opinó el religioso. l