Mientras el Ejecutivo y el Consejo se desvelan por el escándalo de los robos de automotores y autopartes en el corralón municipal, donde han manifestado estar dispuestos a tomar la escoba y barrer la basura, es bueno pedirles que aprovechen el envión y hagan también limpieza a fondo en los cementerios para ver si terminan de una vez con los lamentables hurtos, cuya cronicidad alentada por la tolerancia o inoperancia de sus responsables hasta la fecha resultan impunes. En el cementerio La Piedad desde hace ya tiempo nada queda por robar en materia de arte funerario o en más modestas ofrendas, y como etapa final del saqueo es continua la sistemática profanación de nichos y tumbas. También es lamentable el nulo accionar policial frente a esta patética mafia engendrada por la pobreza. Está claro que si hay ladrones de cementerios es porque hay reducidores de metales, y no es casual sino causal la ubicación geográfica de sus negocios y la profusión de cartelitos en las calles con los precios de compra de los metales. Lamentable es una sociedad que no se ocupa de preservar al menos el respeto a sus muertos.





























