La desigualdad y la corrupción deberían preocupar mucho más en una sociedad que ofrece hoy la posibilidad de comprar y vender todo y de todo. Se vive un momento donde todo y de todo está a la venta. Detalle este que transforma en más dura la vida de aquellos que menos tienen. Si todo fuera, autos de alta gama, barrios cerrados, casas lujosas, viajes al extranjero, y ropa de marca, en realidad no existiría la desigualdad, sino el aburrimiento elitista al no lograr compararse, hecho éste que lo volvería inocuo e irrelevante. Ahora, cuando de servicios esenciales y bienes corrientes se trata, las desigualdades se agrandan pero sobre todo ¡duelen¡ En cuanto a la corrupción, es más que evidente la participación social de un mercado corruptor que alcanza límites inescrupulosos. Allí se comercializan valores humanos, del mismo modo que órganos, servicios mercenarios, bienes esenciales, y materiales, en forma masiva, sin resguardo de recursos publicitarios ni medir alcances económicos. Creando una conciencia de sociedad con urgencias desmedidas por lo superfluo, y descontrolada en procura de sus logros materiales. Dicho descontrol y urgencia propician la búsqueda mediante el facilismo, potenciado por ciertos factores exógenos de consumo, a originar una violencia inconscientemente sobornada. Han logrado de ese modo que los medios de vida y el entorno existencial hayan quedado marcados por una inseguridad endémica, basada y motivada en origen, por un capitalismo que corrompe el vínculo, estado de bienestar y democracia, tras la búsqueda desmedida de su propios beneficios, exentos totalmente de sensibilidad social. Motivo éste que ha transformado en utópico lograr una sociedad donde prevalezca la interacción necesaria entre seguridad, derechos sociales, libertad, política y democracia. Equilibrio distante y sumamente difícil de lograr si se establece, predomina y somos dependientes de un tipo de capitalismo que sólo busca, en extremo, y sin miramientos, exclusivamente su máxima rentabilidad. Dijo Kofi Annan premio Nobel de la Paz 2001: “Hoy en día, el capitalismo de mercado no tiene ningún gran rival ideológico; su mayor amenaza proviene de su propio interior. Si no puede promover la prosperidad y la justicia no habrá triunfado”.





























