Fatídicamente estamos expuestos a la disposición política (que hasta ahora la hubo y la seguirá habiendo) por un modelo de explotación social, denominado capitalismo. Este es el que regula el mercado y las vidas de las personas, y también quiénes son y serán los servidores del mismo. Sabido es que el capitalismo no tiene patria, ni fronteras y su única filosofía es la ganancia sin importar cómo, cuándo o con quiénes. Los que se ajustan a sus normas siempre tienen sus premios y sus protecciones, llámense presidentes, ministros, gobernadores y sus correspondientes secuaces. ¿Es posible revertir esta situación? Con un poco de imaginación, mucho sueño y mucho, pero mucho coraje, diría que sí. Se están dando algunas condiciones nuevas en la política nacional, como ser el agrupamiento de algunos sectores llenos de buena voluntad. Pero, sin embargo, existen algunos recelos, por ese mal que aqueja a todo ser humano, llamado egocentrismo. Cada uno se cree mejor que el otro, cada uno cree tener las más brillantes ideas. Aunque lo más importante sería que, sentados en derredor de una mesa y con un diálogo franco y sincero, se priorizacen los puntos de convergencia comunes. A partir de estos mínimos acuerdos, sé que hay hombres capaces y que, por imposición de la Constitución, uno tendría que ser cabeza. El resto sería un grupo con distintos rangos, con responsabilidades diversas y con seguridad eficiente a la hora de las realizaciones. Pues uno solo no hace nada, hace falta un equipo, y esto no es fácil. Creo que en el área de un gobierno, no hay tareas menores. No quiero tirar nombres, pero éstos, los que por lo menos conocemos mediáticamente, son algunos, estoy seguro que hay muchos más. Soy un convencido que hay miles y miles de científicos de primer nivel, miles y miles de profesionales igualmente capaces, hay miles y miles de trabajadores especializados que responderían cabalmente a un pedido productivo y hay millones y millones de obreros dispuestos a forjarse un futuro digno en un país normal, con reglas claras, es decir una República en serio, porque si tenemos todos los elementos, materiales y humanos, todos es posible. No tengamos miedo al cambio y no creamos que solamente el peronismo puede ser gobierno, aunque no tendríamos que hablar de exclusiones, hay otra mitad de país que también lo siente así. No malogremos nuestros votos. Se dice que el pueblo argentino es de coraje, veremos si se atreverá a un cambio.


































