Resulta increíble y profundamente preocupante la noticia difundida por el señor Tessandori el día 31 de marzo pasado dando cuenta que el Concejo Municipal de Rosario autorizó la extracción de numerosos árboles del parque Independencia para la ampliación del estadio que allí se encuentra. Más allá de que el fútbol es pasión nacional y que Rosario se divide en leprosos y canallas, esta decisión es irreflexiva e irresponsable. Todos festejamos el cambio de autoridades de la entidad radicada en el parque y deseamos su progreso y excelencia. Pero no a este precio. Lastiman a los docentes actitudes como esta, que toman livianamente la situación ecológica de nuestro planeta, como si las catástrofes sucedieran allá lejos y nuestra conducta estuviera exenta de culpa y cargo. Podemos deducir entonces que todos los convenios sobre nuestro ambiente, nacionales e internacionales como por ejemplo, la Carta de la Tierra firmados por la plana mayor política (municipal y provincial) fueron sólo formulismos o expresiones de deseo sin compromisos reales y tangibles. Como ciudadana nativa, siento que esos árboles son míos y quiero que se respeten. Son monumentos naturales, muchos centenarios, que palpitan y permiten vivir a otros seres. Debemos saber poner límites a las concesiones que lesionan el patrimonio y la subjetividad de todos. Los que consideramos progreso no siempre es evolución.




































