Transito habitualmente las calles Santa Fe y San Lorenzo; los carriles exclusivos para colectivos y taxis me han complicado los desplazamientos. Pero los acepto resignadamente: el bien general de la ciudad es más importante que el mío. No obstante, ante la intención de la Municipalidad de prolongar esos carriles e incorporarlos a nuevas calles, querría expresar mi desacuerdo. Se habla mucho de lo bien que hemos respondido los ciudadanos a esta nueva medida, y no se resalta que gran parte del éxito está en los controles exigentes que se dispusieron. Se habla del ahorro de tiempo conseguido en esos carriles exclusivos, pero nada se dice de cómo se ha obstaculizado el uso de otras calles paralelas, por ejemplo, Urquiza y Tucumán, también para usuarios del transporte público. Tampoco se dice de cómo se han entorpecido las calles laterales a estos carriles, sólo se oyen los bocinazos cada vez más frecuentes. Se ha perjudicado a varios comerciantes, este perjuicio se trasladaría a muchos más. Si ya se ha conseguido agilizar significativamente el transporte público, ¿para qué profundizar tan rápido y con más gastos una medida que extenderá sus inconvenientes a un número también significativo de ciudadanos? Corremos el riesgo de extender el caos vehicular a una parte aún más grande de la ciudad. ¿No sería mejor poner controles exigentes para que no se estacione en doble fila? Hagamos la prueba durante un mes con controles en serio y veremos cómo cambia todo. ¿No sería mejor destinar los recursos que acarreará la extensión del sistema a pagar a mejorar el sistema de salud y de educación de los rosarinos o a remunerar mejor a los empleados municipales? Ya sé que se trata de desalentar el tráfico de vehículos en el centro de la ciudad, pero con la extensión de estos carriles nos estamos alejando demasiado del centro, sin alternativas razonables para los que a veces no tenemos más remedio que utilizar estas calles.






























