Días pasados el papa Benedicto XVI difundió el texto de su nueva encíclica Caritas in Veritate (Caridad en la verdad). Según el documento emitido por Ratzinger, la caridad (es decir, el amor al prójimo) es la gran vía maestra que nos introduce de lleno en el cuerpo armonioso de la doctrina social de la Iglesia. Ahora bien, la caridad debe estar acompañada por la verdad, en todas las acciones de los seres humanos. Ambas tendrían que ser inseparables, como el anverso y reverso de una medalla, por ejemplo. Hoy día, de poco sirve amar a nuestros semejantes si mujeres y hombres del planeta viven apartados del bien espiritual y moral, si ante situaciones diarias muestran improbidad y emplean el precioso tiempo diciendo mentiras tras mentiras hasta el punto de estar persuadidos de que lo expresado es cierto, auténtico. Entre varios conceptos, la encíclica destaca que "sin verdad, la caridad cae en un mero sentimentalismo". Esta frase, extraordinaria y certera, deberían tenerla siempre presente aquellos que mantienen una visión materialista y les importa un bledo la vida ajena, asumiendo un rol individualista que termina menoscabando cosas tan importantes de la existencia humana ligadas al respeto, al amor, a la honestidad, la solidaridad y transparencia en los actos cotidianos". "La caridad se potencia cuando se la une con la verdad", dice el texto papal, justo en un momento donde muchos parecen peleados con los valores que supimos conseguir.






























