Hace unos días me presenté en Pami de calle San Lorenzo al 900 para hacer el cambio de mi credencial, ya que, compulsivamente, me sacaron de Pami I y debo registrarme en otro centro de atención. Eran las 10.15, la entrada, un caos. Todos querían entrar, todos necesitábamos hacer un trámite y estaban allí desde hacia bastante tiempo más que yo. Adentro, una multitud se agolpaba ante mostradores tan insensibles como quienes los atendían. De pronto, salió una señora que nos anunció a los gritos que no había más números porque el sistema había colapsado, que debíamos volver mañana a partir de las 6.30. Mientras tanto, otra empleada se abría paso entre respetables "personas" que ahí estábamos, y también a los gritos preguntaba: ¿quién está para autorizar recetas? "para cualquier otro trámite deben venir otro día". Todo esto en la entrada del edificio. Estas representantes de "mi" obra social me hicieron sentir humillada, triste, pensando en que durante 40 años confié en una vejez digna, aportando a un sistema que no me maltrate ni me haga sentir un parásito dentro de una política social que no nos responde y que no nos respeta. ¿Por qué esta desorganización? ¿Por qué tanta desconsideración? ¿Por qué estas medidas que no tienen en cuenta nuestra edad ni nuestra condición física? No tengo respuestas, sólo bronca y mucha amargura.






























