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Burocracia al fin

Las administraciones públicas, sean oficiales o privadas, constituyen la lógica estructura de un mundo sistematizado y su accionar es absolutamente imprescindible cualquiera resulte el régimen político erigido.

Lunes 23 de Septiembre de 2013

Las administraciones públicas, sean oficiales o privadas, constituyen la lógica estructura de un mundo sistematizado y su accionar es absolutamente imprescindible cualquiera resulte el régimen político erigido. Así fue desde el principio de las civilizaciones partiendo de los escribas y lo son hoy con las maravillas de la informática. La RAE nos apunta como mínimo cuatro significados de los cuales tomaré los dos más sustanciales, asimétricos y siempre presentes. Burocracia: “Organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios”. Es lo natural y congruente. El otro: “Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”. Lo más común e irritante para el conjunto de la sociedad. El introito viene a cuento de una situación que me toca afrontar y la cual puede que la padezcan pocos, muchos, o no le interese a nadie por una cuestión de conformismo cultural colectivo. El caso es que tengo tres familiares internados en geriátricos y soy su apoderado para todo trámite, inclusive el de percibir sus haberes previsionales. Los bancos tienen sus exigencias respecto a la certificación de supervivencia y cada tres meses hay que demostrarla. Hasta hace un par de meses bastaba con la certificación médica y otra policial. De pronto cambia la norma y el certificado médico debe ser refrendado y sellado por el Colegio Médico de la provincia que cobra quince pesos por cada uno, luego hay que dirigirse a cualquier dependencia del Registro Civil con dos testigos, que es dable entender lo más molesto y hay que contarlos dispuestos al final de todos los trimestres. Finalmente presentar el papelerío en la entidad financiera pagadora que no en escasas oportunidades encuentra una falta o error salvable pero atrayente a “las formalidades superfluas” . Me pregunto y lo hago extensivo a todos los humanos razonables y de buena voluntad: ¿cuántos geriátricos hay en la ciudad? ¿No es posible asignar inspectores o asistentes sociales que hagan el seguimiento de los internados evitando estos trámites engorrosos? En ese primer mundo, no exento de “pícaros”, que muchos codician se practica dicha metodología. Además, en la actualidad, sería una excelente forma de crear empleos. ¿No les parece?

Oscar Mario Ventura

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