El 10 de pasado agosto mi marido fue víctima de un asalto a mano armada en la intersección de las calles Entre Ríos y Ayolas. Un sujeto le apunto al estomago, obligándolo a descender de la moto con total impunidad a las 11.20 de la mañana. Muchas personas fueron testigos del hecho, pero sólo un vecino le ofreció subir a su automóvil para perseguir al malviviente, que huía haciendo willy. En la persecución interceptan al móvil de la policía Nº 4.331, que ante el pedido de ayuda de mi marido sus integrantes no dudaron en colaborar, trasladándolo en la búsqueda del ladrón. El comisario Centurión, interactuando con el 911, recibió la información del hallazgo de la moto en la calle Dr. Riva al 1600. Este episodio del que mi marido salió ileso físicamente, me obliga a destacar el excelente accionar de todo el personal policial de la seccional 15, que estuvo a su servicio y entrega para lograr recuperar lo que le pertenece. En tan sólo 10 minutos la moto ya había sido identificada. En estos tiempos que corren donde la vida de un hombre de familia no vale nada, donde te roban y te amenazan a plena luz del día, donde lo único que pensás es "no importa, no me hicieron nada. No me lastimaron". En estos tiempos tengo que agradecer la eficacia y eficiencia de todos los oficiales que cumpliendo su rol demostraron que se puede hacer justicia. Ojalá la realidad de esta sociedad fuera otra, pero la delincuencia crece a diario y lo único optimista para seguir adelante es ver cómo la policía trabaja duro para proteger y respaldar a los ciudadanos que salimos a trabajar para mantener a nuestra familia dignamente. Hoy fuimos testigos de este accionar, donde la responsabilidad, la certeza, la rapidez, la solidaridad, y la efectividad de todo el personal que participo del hecho dio un saldo positivo; y hoy soy una mujer muy afortunada en relatar esta historia que concluye con un final muy feliz para mí y toda mi familia donde no tenemos nada que lamentar, sólo agradecer, y eso vale más que todo.



























