Con respecto al artículo "Seducidos por el baile", del pasado domingo, quisiera agregar que la danza posee una dimensión "terapéutica" ligada a lo ritual desde tiempos inmemoriales en diferentes culturas. Hoy se la recomienda como terapia complementaria por sus beneficios físicos y psicológicos, a cualquier edad, y como apoyo en la recuperación de diversas dolencias. Por mencionar un ejemplo, la famosa bailadora Cristina Hoyos narra cómo su arte la ayudó a superar un cáncer. En nuestra ciudad, existen dos lugares a los que quisiera agradecer sinceramente, por haber abierto las puertas del baile a las mujeres de mediana edad: uno es el Cuba Ballet, dirigido por la profesora Marlén Puello, que con sus excelentes docentes nos brinda, desde hace años, el espacio para disfrutar de los más diversos estilos. Allí, todos pueden bailar sin restricciones. El otro lugar, es el Estudio de Arte Flamenco, a cargo de la talentosa bailaora Julieta Dibidino, que transmite a su grupo de "señoras" toda la energía y la rigurosidad que exige esta danza, con la pasión auténtica de quien ama lo que hace. Así como éstos, hay muchos sitios rosarinos donde hacer (parafraseando a Hipócrates) "que la danza sea tu mejor medicina".


































