Fueron tres de los casos más escandalosos de corrupción. Y en los tres hubo arrepentidos. Sarlenga por el caso armas, Pontacuarto por las coimas en el Senado y Schocklender por las casitas de Sueños Compartidos. Hace poco se definió el caso de las armas, sumando la Justicia un nuevo papelón histórico. Por estos días, el ex protegido de Bonafini castiga con sus declaraciones confirmando el fracaso de confiar fondos públicos basándose únicamente en la afinidad ideológica. Tanto Menem como el actual gobierno K han tratado de enlodar el aporte de estos dos arrepentidos. Muy distinto fue el trato con el caso restante. Don Pontacuarto no sólo fue aplaudido por los más altos funcionarios nacionales sino que además recibió apoyo económico y resguardo para continuar con su "patriada". Nadie sabe por qué no comenzó el juicio correspondiente, a pesar de que pasaron once años de los supuestos hechos y casi cuatro desde que los procesamientos quedaron firmes. ¿Cuáles son las razones de esta demora? Afirmar que Sarlenga y Schocklender fueron descalificados simplemente porque perjudicaban al poder de turno es la mejor manera de demostrar que a ese poder le importa un bledo la Justicia.































