Un cuento de ciencia ficción dice que en un planeta llamado "Rarus", muy similar a la Tierra, se había logrado eliminar el ruido por la fricción de los metales; y los motores, aun los más poderosos, eran eléctricos dado el increíble rendimiento alcanzado por las baterías. Por otra parte, en todas las reuniones musicales eran sancionados con veinte años de prisión efectiva sin posibilidad de libertad condicional los organizadores que no respetaran los decibeles máximos establecidos. Esos valores de sonido habían sido fijados de acuerdo a normas de salubridad y confortabilidad auditiva. Y como ambulancias, bomberos y policía habían reemplazado las sirenas por luces especiales, ese planeta era un paraíso de silencio. Pero en nuestra vida real cotidiana donde el ruido es amo y señor, las alarmas indeseables ocupan un lugar en el podio del desorden. No pasa noche en que la paz nocturna sea abruptamente alterada por la alarma estridente y prepotente de un automóvil, sin que haya sido objeto de un hecho delictivo. El dueño, momentos después silencia la alarma y regresa a la reunión con sus amigos, pero a los 15 minutos el irritante sonido vuelve a escucharse, poniendo en jaque la tranquilidad de los vecinos. Los diseñadores de estos circuitos especiales debieran extremar esfuerzos para evitar que sean accionados por vibraciones que nada tienen que ver con cuestiones de inseguridad. Y debieran poder enmudecerse durante diez segundos cada vez que se abre o cierra la puerta de un coche. Lo mismo sucede con las alarmas domiciliarias (esas que tienen una gran campana en el frente), que estremecen al vecindario cuando se disparan particularmente de madrugada, haciendo astillas el plácido descanso cuando los dueños del sistema no están en la casa. Algo parecido pasa con las alarmas comunitarias, y sin que sean disparadas por motivos de robo. Yo creo que la ingeniería electrónica está capacitada para diseñar circuitos que no sean susceptibles a diversos tipos de vibraciones, de manera que las alarmas en general no se transformen en indeseables.




























