Así es muy fácil ganar las elecciones, distribuyendo la riqueza a través de planes que son votos asegurados. Fíjense: contamos con una oposición inexistente y sin ningún proyecto viable, con retenciones a los productos primarios como nunca se ha visto en la historia del país, con una justicia carente de balanza y totalmente ciega, con un setenta y cinco por ciento de jubilados que ganan la mitad de la canasta básica que permite vivir con cierta dignidad, con agrupaciones y gobernadores que si me aplauden no vivirán de rodillas y con la mitad de los asalariados aportando gran parte de su sueldo para que la otra mitad viva de renta. Sólo falta reformar la Constitución para que este sistema que votó el cincuenta y cuatro por ciento de la población continúe vigente y dé sus frutos de crecimiento a tasas chinas, pero con la salvedad de que cada día existen más expulsados a la pobreza y a la indigencia. Y de paso para que nadie se interponga a mis genialidades "progres", no les cobro ni un centavo a la renta financiera, ni a los juegos de azar, ni a los ítems atados a las transnacionales. Pero claro, si yo transcribo estas verdades, que nadie puede desmentir, formo parte de los integrantes de "la cadena del miedo y del desánimo". En fin... ¡Qué país tan divino el nuestro!



























