Fueron seis cirugías en 14 meses que transformaron mi percepción hacia las cosas. Esta etapa que viví -obligada y no elegida- supo de la dificultad de soportar la angustia, contrarrestada por una voz que iba delante mío y me decía: "Vas a estar bien". Palabras mesuradas, silencios oportunos para acompañar un proceso que él supo que sería demasiado largo. Sin embargo, con la caridad que destellan los grandes pero humildes hombres, no midió palabras de aliento cuando las necesité. Fue maravilloso sentirme guiada por un ser humano que reune excelencia absoluta en su profesión unida a la solidaridad de su persona, médico para más precisión. Esto es lo que quiero expresar del doctor Gustavo Marcucci, jefe de cirugía del Sanatorio de la Mujer, cuando casi llegando al fin de esta etapa seguiré caminando, y mis pies serán un poco los suyos. Mi gratitud también a su equipo de trabajo. A mis 57 años quiero expresar desde mi corazón que cuando "beba el agua, siempre voy a recordar la fuente". Porque a mis 57 años esta agua sabe a vida.



























