En estos días duros de mayo, en los cuales sufrí la perdida de mi querida madre Celia Poggi, pude comprobar que aún tenemos profesionales de la medicina que nos consideran como seres humanos y no meros afiliados a tal o cual obra social. Con un estado de mucha gravedad la llevamos al Sanatorio Americano. Allí fuimos atendidos por los médicos de guardia, los cuales no sólo la trataron con gran profesionalismo, sino que demostraron, con su juventud y su capacidad de contención familiar, algo que no siempre está presente en aquellos que conviven diariamente con enfermedades, dolor y muerte. Gracias doctores Rodolfo Navarrete y Esteban Millioto, y gracias a la enfermera Claudia Navarro, que me ayudó a estar con mi madre en sus últimos momentos. A ustedes y a los otros médicos de esa guardia del pasado 24 y 25 de mayo, les deseo éxitos en sus profesiones y que Dios los bendiga.































