No estamos discutiendo como se debería en la Argentina la situación de los adultos mayores. Por suerte en otra parte del mundo, especialmente en Asia, las personas mayores se las respeta en un todo y son de consulta permanente en cualquier tipo de actividad. Insisto: acá nos damos el lujo de defenestrarlos y hacerlos sentir inútiles a la sociedad. Qué picardía no hacerlos participar activamente, pues de hacerlo seguramente, aprenderíamos muchísimo de ellos. Nuestras mujeres y hombres mayores poseen esa filosofía de vida que no se aprende en la facultad, sino habiendo vivido la vida misma. Propongo recrear, como así era en la antigüedad, el grupo de consejeros de los llamados hombres sabios. A esta altura de las circunstancias, qué bueno sería que los volvamos a llamar, ya sea en el pueblo integrando la comisión de fomento, en las ciudades en el Concejo Municipal y por qué no a nivel nacional en el Congreso de la Nación. Los adultos mantienen y conservan un estado mental equilibrado, son los otroras jóvenes viejos, hoy viejos jóvenes. El privilegio de ser mayor es comparable únicamente con el privilegio de ser niños.


























