Con respecto a la carta "Abusos en el colectivo" enviada por Victoria Quiroga (publicada el 24/11/2009) quiero comentar un hecho parecido pero de mucha menor magnitud, el cual ejemplifica la falta de límites. El día martes 10 de noviembre, cerca de las 16, abordé un interno de la línea 143 en avenida Alberdi. El coche iba con los asientos casi completos y me senté detrás de una joven que iba escuchando cumbia villera en su celular a todo lo que daba. Todo el mundo protestaba por lo bajo y hacían gestos pero nadie le decía nada. Como a mí me molestaba bastante, le pedí si por favor podía ponerse auriculares, me miró de pies a cabeza y me dijo que no podía porque no los tenía... "bueno, entonces apagalo por favor", le dije. "No quiero", respondió. Me dirigí al chofer, quien me contestó: "Pibe, no puedo estar pidiéndole a todo el mundo que no escuche música, escuchá vos también y quedate piola...". No queriendo armar más lío de lo que la situación merecía, me senté en mi lugar maldiciendo para mis adentros. El coche se detiene antes en la intersección de San Nicolás y Salta, la joven se levanta y le dice al chofer: "¿Acá tenés parada?", el chofer le dice que no y la chica le contesta "muchas gracias" y se baja corriendo carcajada de por medio. El chofer obviamente se acordó hasta de la abuela de la señorita, entonces desde mi butaca le dije: "Chofer, si le hubieras hecho apagar la música cuando debías y circularas con las puertas cerradas, cumpliendo con las ordenanzas que tenés pegadas arriba de tu cabeza, no estarías maldiciendo y yo no me estaría riendo..." (cabe aclarar que el chofer se acordó también de mi familia). Entonces poniendo esto en limpio, si un chofer no puede poner en vereda a una joven de no más de 16 años, ¿cómo pretenden que lo haga con 10, 20 ó 30 exaltados? Las leyes y ordenanzas están para que el ciudadano común las cumpla y el que tiene poder de policía debe hacerlas cumplir.


































