A punto de cumplirse seis meses del cierre de Falabella, el histórico edificio de La Favorita que abandonara la multinacional el 31 de mayo luego de habitarlo durante 26 años, no tiene por el momento futuro de ocupación y se convierte poco a poco en un elefante blanco en el centro de la ciudad.
Todas las informaciones sobre posibilidades y perspectivas que se rumorearon luego del anuncio de partida de la empresa de capitales chilenos no se concretaron, y actualmente la discusión sobre su futuro, que en algún momento fue un cúmulo de versiones y pasilleos, se ha trocado lamentablemente por un discreto silencio.
Las iniciativas más fuertes que se conocieron por parte de empresarios locales en los últimos meses fueron dos, pero ninguna prosperó ni avanzó más que de la etapa germinal de proyectos y conversaciones.
A pesar de que se esperaba llegar a fin de año con un emprendimiento en marcha, o tan solo alguna seguridad sobre el destino de la tienda centenaria, hoy por hoy, la única certeza es que no hay en el corto plazo la posibilidad de reinventar el espacio, y todos los diagnósticos de actores consultados por La Capital coinciden en que la situación “va para largo”.
Hace unos meses, un grupo de comerciantes de la peatonal liderados por Nelson Graells (Sport 78) y Juan Benzi (Juguetería Gulliver) se puso en campaña para que el viejo edificio de 10 mil metros cuadrados reviviera en un shopping multimarcas que iba a albergar unos 50 locales comerciales y una propuesta gastronómica con una impronta netamente rosarina.
La idea era establecer un consorcio que se hiciera cargo del alquiler y distribuyera los espacios de la “nueva Favorita”, que iba a mantener el nombre y llenaría tres de los cuatro pisos. Juntaron unas 30 voluntades, pero finalmente no se pusieron de acuerdo en términos económicos con los propietarios.
En espera
Luego de que naufragara esa propuesta, apareció otro grupo interesado conformado por empresarios y financistas locales que hicieron todo lo posible por ocultar su identidad. Las charlas se dieron en un clima de profundo hermetismo con la Compañía Asturias SA, los administradores del fideicomiso, para que el tradicional inmueble de Sarmiento y Córdoba volviera a tener vida.
No se trataba de gerenciadores con experiencia en el retail, sino de inversores que querían alquilar la emblemática tienda y luego parcelar los espacios para ofrecerlo a comercios que se quieran instalar para armar un paseo de compras. Las negociaciones se llevaron adelante con mucha reserva (de hecho, trascendió que se firmó un contrato de silencio), pero algunas figuras del comercio local comentan que si bien en un momento parecía que se llegaba a un acuerdo para la firma del contrato de alquiler, ahora todo habría quedado en stand by.
Diferentes interlocutores al tanto de las conversaciones informaron en off que hace aproximadamente un mes los contactos se detuvieron y parece que el proyecto “quedó en la nada”. Por lo cual, sin grandes jugadores nacionales o internacionales interesados en el inmueble, ahora se abre un compás de espera que puede tomar mucho tiempo, y evidencia un estado de situación difícil para encarar un negocio de semejante magnitud.
Es que para que alguno de los planes llegue a buen puerto, según apuntó un dirigente empresario, deben conjugarse muchos factores: primero el acuerdo familiar (son unas 59 personas), los interesados, las estrategias y el momento. “Hay gente que conversa y pregunta. Es una familia de muchos integrantes, hay varios interesados, pero después para que firmen contrato, tomen un compromiso, elijan un gerente y armen, hay una distancia. No es un proyecto simple, a veces se subestima. Algo va a caer. Pero por lo pronto no hay nada concreto”, coincidió una fuente del Palacio de los Leones.
En este marco, esperan que pronto haya buenas noticias para el centro rosarino, que poco a poco comienza a reactivarse con la ocupación de otras grandes superficies que habían quedado huérfanas sobre la peatonal. Paralelamente, y en aras de acompañar ese proceso, el municipio ya puso en marcha la remodelación de la peatonal San Martín, es inminente la apertura del pliego de licitación del Mercado del Centro en la plaza Montenegro, y por estas horas se terminan de cocinar promociones y eventos navideños que se van a anunciar en diciembre.
Pero ningún plan estará completo sin llenar el profundo vacío que dejó al quedar desierta la esquina perteneciente a la familia García, un duro golpe del que todavía la zona no se puede recuperar. Por el momento, no se observa en el horizonte una señal que reavive las esperanzas que alberga la gestión de Pablo Javkin de devolverle el brillo a un punto histórico ubicado en el corazón comercial de la ciudad, que hoy se erige como un agujero en el orgullo de los rosarinos.