En una reciente nota publicada por La Capital sobre los controles en las obras de construcción, desde la Dirección de Obras Particulares, entre otras cosas manifiestan: "Pocas veces entramos a las obras, salvo que nos llamen para eso"; "nosotros lo que hacemos es dar el permiso de construcción"; "el profesional es el único responsable de cumplir con las normativas". Una de las preguntas, de sentido común, sería: ¿los supuestos 60 inspectores, salen a pasear y a tomar café? ¿Si lo único que hacen es dar el permiso de construcción, para qué tienen a los supuestos 60 inspectores? Entre esa normativa aludida se encuentra el reglamento de edificación, que entre otras cosas exige medidas de seguridad para los obreros en el desarrollo de cada tramo de la construcción. Si los inspectores no entran: ¿cómo controlan el uso de cascos, arnés, etcétera?; ¿cómo controlan el cerramiento de vanos de escaleras y huecos de ascensores, en cada piso, para evitar que un obrero caiga al vacío?; ¿cómo controlan las medidas exigidas de una bandeja protectora, que se encuentra a 15 o 20 metros de altura?; ¿cómo controlan los apuntalamientos durante una excavación? La Dirección de Obras Particulares parece ignorar que tiene un poder de policía delegado por la provincia a través de la ley 2.756, la misma ley que obliga al Ejecutivo Municipal a que haga cumplir las ordenanzas en vigencia, y al Concejo Municipal a velar para que la Municipalidad cumpla con esto. El razonamiento y el ejemplo dado por la Dirección de Obras Públicas nos llevan a otra pregunta: ¿para qué queremos a la policía, si cada ciudadano es responsable del cumplimiento de las leyes?



























