“El trabajo no es neutral desde el punto de vista de la salud”, expresó Carlos Rodríguez, ex ministro de Trabajo de Santa Fe y autor de la ley 12.913 que creó los comités mixtos de salud y seguridad en el trabajo en la provincia. Así arrancó su disertación en el Congreso Obrero de la Salud y Trabajo organizado por el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (Soear), un encuentro en el que se compartieron las experiencias llevadas adelantes en las fábricas y se expuso el accionar de los comités mixtos de un gremio que le pone el cuerpo al trabajo. Por eso desde marzo 2009 cuando fue reglamentada la ley -se sancionó en septiembre de 2008- Aceiteros lucha para hacer cumplir con lo que dicta la norma.
Sobre el rol que juega la participación obrera para garantizar mejores y más seguras condiciones de trabajo y para dimensionar pro qué es importante cuidar su salud, Rodríguez mostró algunas cifras: dijo que cada año 2,8 millones de trabajadores mueren en el mundo y consideró que “se trata de una pandemia letal”. Del 2010 al 2020 murieron 15 millones de trabajadores a nivel global.
Ante la atenta mirada de 170 delegados de los aceiteros y desmotadores de algodón de todo el país el ex ministro explicó que los trabajadores son los que soportan el peso de la producción. “La productividad hoy no proviene de la exclusión de los trabajadores sino de su implicación responsable, su calificación y su participación en una comunicad productiva cohesionada, lo cual supone continuidad en el trabajo, trato digno y buen salario”, subrayó.
Rodríguez indicó que la salud tiene que ver con la participación, con la democracia política, económica y social. Y que la salud de los trabajadores “tiene que ver con la salud en general”. Por eso consideró que es fundamental que los obreros participen en la determinación de las condiciones de trabajo.
“Es imposible un conocimiento serio sin contar con aportes de los trabajadores, su participación evita sesgos como pasa, por ejemplo, con la introducción de materiales riesgosos”, resaltó. También favorece la detección precoz de síntomas y la prevención de las enfermedades.
El sistema de prevención no lidia con casos individualizados sino con grupos homogéneos de trabajadores y permite enfrentar las dificultades y los costos de las mediciones objetivas de carga mental y carga psíquica. Favorece, además,
un abordaje más global, comprensivo y dinámico de los factores de riesgo y de riesgos profesionales, obliga a los empleadores a asumir sus responsabilidades y permite un abordaje proactivo, una orientación dirigida a los problemas concretos y a su solución.
“La participación obvia o minimiza los riesgos tradicionales de solución de continuidad entre la investigación y la intervención”, resaltó con tono pausado durante lo que fue su primera presentación en público tras la pandemia,.
Entre los ejes más destacados que expuso Rodríguez sobresalió el concepto de que “la salud es la reserva más importante que tienen los trabajadores”. No se trata, subrayó, de una mercancía para vender sino de un bien a defender mediante la prevención. Y criticó, en ese sentido los convenios colectivos de trabajo qeu incluyen " adicionales por peligrosidad o insalubridad” que “configuran ventas de la salud”.
A modo de cierre, citó a Giulio Maccacaro, una de las figuras más relevante del movimiento sanitario italiano, quien en 1976 dijo: “Prevenir para la salud es tomar la dimensión colectiva y de ella derivar las indicaciones correctas de análisis e intervención para la individual. Pero también quiere decir que esta tarea debe ser asumida colectivamente, porque en forma manifiesta, requiere no sólo de toda la competencia técnica disponible, sino también de toda la voluntad política empeñable”.
Las experiencias
La reflexión sobre las prácticas que mejoran la organización de los trabajadores en las fábricas se plasmó durante el panel “Primeros pasos: salud y seguridad desde la perspectiva obrera”, espacio donde se contaron las experiencias llevadas adelantes para conformar los comités mixtos en Molinos Río de La Plata (ex Patito), Cargill de Villa Gobernador Gálvez, Vicentin Avellaneda y Cruissing SA en Paraná, Entre Ríos.
Gustavo Scarafiocca es delegado en la planta rosarina de Molinos desde diciembre de 2021 y forma parte del comité mixto de salud y seguridad. Contó que cuando comenzó a desempeñarse en ese cargo encontraron “una planta con mucha complejidad”, marcada por la reestructuración que se llevó adelante en 2015, en la que se fueron con retiros voluntarios unos 120 trabajadores.
“Los compañeros tenían mucho miedo de perder el empleo y por eso delegaron derechos, cuando fuimos elegidos comenzamos a cambiar la forma de trabajo y comenzamos con medidas de fuerza para que las líneas de producción tengan la dotación que correspondía”, precisó Scarafiocca, quien contó que se sentían escuchados por la empresa pero las devoluciones siempre eran negativas.
El camino que se tomó para lograr el cambio fue denunciar ante el Ministerio de Trabajo la situación en la planta, para que se dejen de minimizar los problemas. El delegado contó que se realizaron algunas mejoras pero que hubo un accidente que hizo replantear la forma de trabajo. en que se venía trabajando. Recién tras ese incidente, que por suerte no terminó en una fatalidad, se abordaron soluciones integrales.
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Unos 170 delegados de los aceiteros y desmotadores de algodón de todo el país participaron del encuentro.
La tarea de los trabajadores en los comités mixtos no es fácil. Rodolfo González, también delegado de la planta Santa Clara, planteó que un tema clave son las capacitaciones y dijo que así se comienza a cambiar la mentalidad en la fábrica. “Los reclamos generan malestar e incomodan porque estamos generando construcción de poder”, resaltó.
Javier Vogelmann, delegado de Molinos, habló sobre una problemática que costó modificar. Muchas veces los trabajadores no pasaban las enfermedades laborales “por temor”, algo que a la empresa le evita un alza en los costos de las ART. “La salud no se negocia, es nuestra. Hoy se denuncian todos los accidentes, sean graves o no”, resaltó . Agregó que para las mejoras en los procesos es fundamental que se escuche a los trabajadores que son los que están en las máquinas y entienden el procedimiento.
La realidad del norte de la provincia llegó con Leandro Peki Monzón, secretario del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros y Desmotadores de algodón de de General Obligado y San Javier. Habló de la situación de la planta de Vicentín y de Buyatti en Reconquista. “En Vicentín volvimos a tener delegados en 2014 y armamos los comités mixtos con nuestros delegados. Cuando comenzamos nos costó, pero logramos varias cosas. Por ejemplo, que los descansos sean en mejores condiciones, antesse hacían al lado de la máquina”, reseñó.
El aceitero también recordó el conflicto que atravesó Vicentin en 2019 cuando se intentó despedir a 80 trabajadores ( finalmente fueron 6). En ese momento, junto a los miembros del comité mixto, se logró revisar puestos de trabajo en las diferentes líneas de producción y reubicar según las necesidades de seguridad para cada una. En el caso de desmotadoras “hay mucho trabajo por delante” ya que es un sector en el que los ambientes de trabajo tienen mucho polvillo.
Matías Cáceres, delegado de Cruissing SA en Paraná, contó que gracias al comité mixto se logró revisar y modificar procedimientos. Sumaron procedimiento de desolventización de extracción, de arranque de planta, de espacios confinados, de blanqueo eléctrico y de trabajos en caliente y también permiso de trabajos en altura.
También se comenzaron a realizar investigaciones de accidentes e incidentes, se reemplazaron las escaleras marineras, se colocaron puertas antipánico, pararrayos, un sistema de alerta a la brigada y evacuación, y se mejoró la iluminación de toda la planta. “El comité mixto se formó en marzo de 2013, después de un terrible accidente en el que falleció un compañero, fue a través de la Federación que logramos formarlo porque aún no estaba la ley, salió por convenio en 2014. Después de ese accidente se empezaron a ver todas las cosas que estaban mal”, relató.
Mario Belmar, del sindicato de aceiteros de Bahía Blanca, Federico Calderón, delegado de Dreyfus, y Ernesto Gómez, de Bunge Soear, analizaron la construcción del poder obrero en la disputa de la salud. Y a través de sus respectivas experiencias resaltaron el involucramiento de los trabajadores en la actividad gremial a través de la resolución de conflictos relacionados con la salud. “La fábrica es a veces un campo de batalla”, señalaron, en relación a la lucha diaria relacionada con el control y gestión de la organización de los procesos productivos. Un campo en el que la la pandemia de coronavirus tuvo un rol profundamente disruptivo, forzado por los protocolos de seguridad e higiene para enfrentarla. Y en el que se consolidó la certeza de que “un reclamo por seguridad que tiene respuesta es una conquista gremial”.